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sábado, 9 de febrero de 2019

Recordando los “tumusleños”


Carlos Macusaya


No hace mucho me encontré con un amigo de mis “tiempos de joda” y en nuestra conversación nos pusimos a recordar, entre otras cosas, algunas anécdotas que tenían que ver con los “tumuslas” o “tumusleños”: pequeñas bolsas de nilón que contenían singani y que se vendían en la calle Tumusla de La Paz. Las “chupas” que se daban con estas bebidas también eran conocidas como “bolseadas”. Muchos las probaron hasta quedar en suelo y saben de lo que hablo.

Recordamos, por ejemplo, que cuando se iba a la fiesta de algún colegio o alguna discoteca, habían amigas que metían el trago, las bolsas de tumuslas, en sus sostenes (y no solo ahí). Los varones también nos las arreglábamos para meter las “municiones” pero las mujeres eran las que, por lo general, “no se hacían pescar”.

Había un arte al empezar una bolsa y era el “reventarla”, es decir, abrirla de una de sus esquinas presionando el aire que contenía dándole vueltas y vueltas. Si uno no sabía abrirla así era “un chango”.

Una forma muy habitual de “bolsear” era introducir el tumusleño en una de las mangas de la chompa, el canguro o la chamara que uno traía puesto y desde ahí se la iba sirviendo a los demás, estirando la manga. No era muy extraño ver algunos muchos, en el fondo de algún micro, riendo y hablando en voz alta mientras uno de ellos llevaba una de sus mangas estirada y cubriéndole la mano en la que sostenía la bolsa de trago.

Lo bueno de ser quien servía los tumuslas era que uno, mientras se servía a sí mismo, podía fingir que tomaba y en realidad no lo hacia o lo hacía en menor medida que los otros. Pero si los demás se percataban, “ya era”: alguien agarraba el tumuesleño y te lo hacía beber hasta prácticamente vaciar la bolsa.

Solían haber ocasiones en las que uno se encontraba, de pura casualidad, con algunos amigos que habían faltado al colegio (lo que se conocía como chacharse) y uno de ellos traía en la mano una bolsa negra con varios tumusleños dentro. Era difícil “borrarse del mapa” en ese momento y no quedaba más que acompañar a los cuates, lo que siempre implicaba “igualarse”.

Llegó un momento en que los tumusleños eran preparados ya con sabores, pero esos fueron sus últimos tiempos pues luego, hasta donde sé, dejaron de ser vendidos. Claro que también los consumos juveniles fueron cambiando. De tomar bolseadas, como lo más accesible, se pasaron a los combos. Hace poco comentábamos con otros amigos que en la actualidad el lugar que alguna vez tuvieron las “bolseadas” entre los jóvenes ha sido ocupado por los “Lixs”.

Los tumusleños no eran las únicas bebidas en bolsa. Por ejemplo, estaban también los “globitos” de La Ceja o los “preparados” que se vendían en varias tiendas y que consistían en una gaseosa “mediana” vaciada en una bolsa y mesclada con un “soldadito” (una botella de alcohol de 1 a 1 bs 50 por ese tiempo. Una t’allpa (una botella de alcohol de un litro) era ya para “mandarse”.



Me animo a decir que esas bebidas marcaron la juventud de varias generaciones en La Paz, lo reconozcan o no. Por lo menos así lo recordamos con aquel amigo con el que compartí momentos de alegría y de tristezas, algunas veces acompañados de tumusleños.

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