Palabras de Fausto Reinaga en el Congreso el 6 de Octubre de 1944



kim young-hyun inti

En una sesión ordinaria del Congreso en 1944, Fausto Reinaga, como diputado por Potosí, dio un largo discurso sobre “violencia revolucionaria” opuesta a la violencia reaccionaria rosquera y burguesa. La oposición (compuesta del Partido Liberal, del Partido de la Izquierda Revolucionaria, del Partido Republicano Socialista y del Partido Republicano Genuino) al gobierno de Gualberto Villarroel (1943-1946) lo criticaba por varios atentados físicos a los líderes de ella. Uno de ellos era José Antonio Arze, fundador del Partido de la Izquierda Revolucionaria, que casi murió de un intento de asesinato a él en 1944. En este contexto, la crítica al gobierno de Villarroel aumentaba entre los sectores urbanos. En el Congreso, Reinaga lo defendía, diferenciando entre “la violencia revolucionaria” (que, según él, era un elemento indispensable para la creación de una nueva sociedad “sin clases” y opresión a los indios y obreros) y “la violencia reaccionaria” (coloniaje, capitalismo, la Rosca, imperialismo, vieja politiquería y gamonalismo). Comentaba sobre conceptos como “democracia” y “revolución” los que él creía que la oposición utilizaba para justificar sus intereses partidarios reaccionarios sin conciencia de la historia de la lucha popular. Este extracto muestra la gran influencia de Lenin en el pensamiento de Reinaga durante esta etapa (que Gustavo Cruz caracteriza como la de “marxismo-leninismo, nacionalismo e indigenismo” (2013)). Se pueden ver unos elementos importantes del pensamiento de Reinaga los que se reformularían en términos indianistas de raza y revolución india después de la década de 1960. Puede haber unos nombres y términos específicos a la coyuntura política de la época de Villarroel los que no sean familiares a lxs lectores. He añadido unas notas al final para dar información básica sobre unos de ellos.

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54a Sesión Ordinaria del Día 6 de Octubre de 1944
Presidencia del H. Franz Tamayo

H. Reinaga: Señor Presidente y HH. CC.: Esta lucha parlamentaria, que para los jóvenes diputados, debería haber sido una cátedra de lecciones buenas, está resultando una especie de decepciones. Porque la minoría,[1] en esta lucha parlamentaria, no nos está enseñando sino ‘cabriolas de la ficciosa democracia demo-liberal’, como diría José Antonio Arze.[2] Tengo la sensación de que la reacción, representada por la minoría, y la Revolución, representada por la mayoría, no hablan el mismo lenguaje. Hablan lenguajes distintos. La mente y el corazón de los señores de la minoría, están sumergidos en conceptos metafísicos; en formas lógicas puras. Están divorciados por verdaderos abismos del terreno de los hechos. Ellos hablan de la democracia, de las libertades, de los atropellos y las violencias, aisladamente. Esta es para ellos democracia, por supuesto, democracia reaccionaria. La democracia de la revolución habla otro lenguaje, tiene otra doctrina. Proclama la doctrina de los que fueron esclavos hasta la aurora del 20 de diciembre.[3] Reclama las garantías y libertades para las mayorías productoras de la riqueza boliviana. Reclama las garantías y libertades para que esas riquezas, quedan aquí, en Bolivia para el beneficio y goce del país. Este es el contenido de la democracia revolucionaria. Vemos que la otra democracia tiene emoción egoísta, individualista en tanto la democracia revolucionaria, tiene una emoción profundamente altruista, generosa y socialista. (Aplausos)

La Revolución y la violencia en todas las latitudes de la Historia humana, son dos cosas inseparables; son dos hermanas gemelas; son como la sombra y el cuerpo. Voy a probar. Así como hay una revolución, existe una contrarevolución. En correspondencia estricta, existen dos clases de violencias: una revolucionaria, positiva, útil; y otra violencia reaccionaria, negativa, estéril e inútil. (Aplausos)

La violencia reaccionaria, - la negativa -, es el desborde de la venganza; violencia nefasta, mezquina; la violencia del matonaje, el ejercicio del garrote o la bayoneta del sicario. En cambio, la violencia revolucionaria es beneficiosa a la sociedad, necesaria, constructiva. Toda revolución tiene que ejercitar la violencia de acuerdo a las características propias de la propia revolución. Voy a referirme a un concepto vertido hace un instante por el H. Angel Mendizábal.[4] Que la revolución consiste en un cambio total de cosas? De acuerdo, H. Mendizábal. Pero no estamos de acuerdo en la idea de que las revoluciones se realicen melíflua y suavemente, a plan de besos y arrullos: una inocente lucha de caricias blancas y angelicales. No!

Las revoluciones no caen del cielo; son preparadas por el curso precedente del desarrollo social. Así como el labrador trabaja en preparar el terreno para echar la simiente, la revolución también es trabajada y abonada antes de su alumbramiento. Una revolución en la sociedad significa su reconstrucción. Una alteración estructural de sistemas. Un cambio radical de personas, cosas e ideas. Un cambio en las creencias y pensamientos; en las maneras y modos de sentir y de pensar; un cambio en la esencia y expresión del arte y la ciencia. Es la destrucción total, o parcial, del ‘orden social’ y su reconstrucción sobre bases nuevas. Una revolución no es un cuartelazo ni un vulgar motín; es cosa más seria, más grave. Y la violencia es nada menos que el nervio mismo de la revolución. La revolución, para operar este cambio de cosas, ideas y personas, no necesita veinticuatro horas, H. Mendizábal; muchas veces, necesita un cuarto de siglo.

Vamos a entrar al estudio de la violencia, tanto positiva como negativa, yéndonos a las mismas fuentes, y establecidas como ellas sean, llegaremos a conclusiones muy beneficiosas. El príncipe de los oradores de la democracia boliviana, Don Mariano Baptista[5], tiene una sentencia maravillosa, que dice: “Para el adversario político no queda más que proscripción o el cadalso”. Y el príncipe de los historiadores de la rosca reaccionaria, don Alcides Arguedas, comenta esta sentencia en los siguientes términos: “La sentencia, con otras palabras, aún se la escucha; y un hondo abatimiento gana el espíritu porque se ve que seguimos siendo los mismos de hace cuarenta años-la rosca-y acaso un poco peores, porque eso que llamamos política, nuestra horrenda, infecunda y malhadada política, no es ni ha sido nunca desplazamiento de doctrinas, sistemas o principios, sino mero desplazamiento de hombres. De unos hombres que luchaban sacrificadamente-por el asalto del presupuesto del país-por otros que también, aspiraban a sacrificarse en la misma tarea.” He ahí el ejercicio de la violencia reaccionaria, negativa y estéril; no la violencia de la revolución. Ya hemos dicho que toda revolución implica violencia, pero el ejercicio de esta violencia positiva, es socialmente constructiva. Un autor muy comentado y talvez el que ha vitalizado la teoría de la violencia, escribe en su libre “Reflexiones sobre la violencia” este terrible pensamiento: “Nada es hacedero en la historia humano, sino por la violencia”; sin la violencia nada es procedente y factible. Sorel, dice Mariátegui, esclareciendo el rol histórico de la violencia es el más vigoroso continuar de Marx. De aquel que predicó la catástrofe roja, como el mejor medio conducente a la Revolución Social, y, a la Justicia Social. En el famoso documento, que dentro de dos años ha de tener cien años de vida. “El Manifiesto Comunista”, dice: “La historia de los pueblos no ha sido ni es otra cosa que la historia misma de la lucha de clases”. En Grecia, hombres libres y esclavos; nobles y siervos en la Edad Media, y hoy burgueses y proletarios; en una palabra, opresores y oprimidos, han estado en guerra perpetua, encubierta o franca, pero guerra constante, por la opresión y explotación de una clase por la otra. Marx, se diluía en exaltaciones místicas, cantando hosannas a la roja violencia, al todopoderoso Marte. A Marx le pertenece la paternidad de esta gran frase: la Fuerza partera de las sociedades, que con el correr del tiempo vino a ser la musa, la musa inspiradora de todo su evangelio rojo. La violencia, según Marx, será y permanecerá sobre la faz de la tierra, en tanto hayan clases sociales antagónicas. El reinado de la violencia terminará, en este valle de lágrimas, cuando emerja sobre esta faz de la tierra, una sociedad sin clases.

El sacerdote de esta religión, Lenin, predica en un lenguaje salvaje y brutal la manera de hacer la Historia por la violencia. Dice: la guerra internacional debe transformarse en guerra civil; y debe dirigirse principalmente a la captura del poder. El campesino, el labriego, el asalariado; toda la masa proletaria combatiente, no deben ser desarmados; deben conservar sus armas y con ellas, deben volver a sus pueblos. El campesino, para prender juego a la casa de la hacienda y exterminar a todos sus amos; el obrero para prender fuego a la fábrica y dar fin con los aprovechadores de su fuerza de trabajo y los supuestos dueños; arrasar con todo aquello que se llama clase explotadora o impía burguesía. Los señoritos encaramelados, - continúa Lenin – que beben y bailan en los suntuosos palacios, estos no más pueden pensar que la Historia no se hace así, y siempre así; siempre de esta manera y no de otra.

Nuestro pueblo, HH. Convencionales, no es una excepción; tampoco nuestra historia. No somos una sociedad de ángeles, de santos, ni siquiera de filósofos, como soñaba el divino Platón. Nuestro pueblo es un pueblo que ni siquiera controla y aprovecha su producción. Somos un pueblo pobre, explotado e ignorante. Yo todo Estado que quiera liberar a su pueblo del azote de la pobreza, del azote de la explotación y de la ignorancia, en mi concepto, no hace sino un bien, empleando la violencia; esta violencia es violencia santa. Lenin hizo muy bien en instaurar la dictadura del proletariado en Rusia. Hizo bien la revolución francesa en instaurar el temor. Robespierre, decía: “Durante la paz se gobierna por la virtud, durante la revolución se gobierna por el terror” y decía muy bien.
El Estado, H. Luis Calvo[6] y H. Ortíz Sanz, no es un órgano de cooperación entre gobernantes y gobernados. El Estado no es un puente de plata tenido entre gobernante y gobernados; tampoco es el demiurgo de la felicidad, como habéis afirmado. Esta concepción es ya arcaica y anacrónica. Todos los tratadistas modernos, incluyendo Lasky, están de acuerdo con el gran teórico y político Lenin, en la concepción o la idea del Estado. El Estado, dice Ulianov[7]; es una forma particular de organización de la fuerza. Una forma particular de organización de la violencia para someter a algunas de las clases sociales. A los trabajadores, al pueblo les hace falta únicamente para sobreponerse a las resistencias de los explotadores, es decir de la rosca. En el caso concreto, el pueblo necesita de la violencia, para sobreponerse y vencer la resistencia de la rosca. (Aplausos frenéticos en la barra).

La historia enseña, que no puede llegar una clase oprimida al Poder y asegurar y consolidar tal poder, sin pasar por un período de dictadura, de terror; dictadura y terror necesarios para la supresión violenta “de la resistencia más desesperada, más furiosa y despiadada que siempre han opuesto los opresores” derrocados; en el caso presente, la rosca. La rosca opone una furiosa y despiadada resistencia a la revolución.

El concepto leninista del Estado, cobra caracteres de certeza, cuando se estudia la historia política de nuestro pueblo, la historia de esta tierra “inocente y hermosa”.

Pero de inmediato se me puede argumentar. Hola! Entonces, ¿dónde estamos? Estamos o vivimos en una dictadura o en una democracia? Le parecerá cosa rara a la reacción que no hable de democracia o mejor de democracia y democracia. Es decir, democracia reaccionaria y democracia revolucionaria. Es que no vengo a sembrar sofismas ni confusiones; yo llamo las cosas por su nombre. Así como hay una democracia burguesa, existe una democracia proletaria. Pero vayamos a hechos más concretos. Un estudio sereno del concepto de la democracia confirmara plenamente lo enunciado. Tengo a la mano una obra de Shirokov; autor tan estimado en la República de los Soviets, cuanto en el país más fecundo de la democracia, Inglaterra. Shirokov, en la pág. 25 de su obra: “Tratado Sistemático de la Filosofía”, dice: “La democracia no es un concepto fijo. Al principio se inicia liberando a la burguesía para desarrollar el capitalismo; posteriormente, sirve de espejuelo para hacer creer al pueblo trabajador, políticamente desamparado, que se gobierna a si mismo, cuando en realidad está siendo gobernado por una dictadura velada; más allá un pueblo revolucionario tratando de usar los derechos democráticos, hasta ahora suyos solo nominalmente, puede encontrar en defensa de estos derechos constitucionales contra el fascismo – la burguesía o la rosca en el caso presente -, que la conservación de la democracia de la revolución”. (Aplausos)

Concretándonos a nuestras propias realidades, nos convencemos de inmediato que el camino por donde ha sido conducida la República, es un camino feudal y colonial. La República es la prolongación de la Colonia. La República ha sido la misma Colonia. La rosca que ha gobernado hasta el 20 de diciembre, es la heredera material y espiritual del Coloniaje. Los repúblicos coloniales, eran los grandes hacendados o terratenientes; los empresarios de las minas. Eran los señores dueños de vida y haciendas de los indios yanaconas y de los mitayos mineros. Los repúblicos coloniales hicieron democracia de cierta clase, de casta: libertad, garantías, para ellos; riqueza, poder cultura, para ellos; y para las clases productoras, para las clases proletarias; esclavitud, hambre, impiedad y violencia. Este es el famoso “orden social”. Sobre este “orden social”, el distinguido diputado por Cochabamba, Dr. Anaya,[8] hace unos 10 u 8 años, escribía lo siguiente: “El Poder Público, como fenómeno histórico, consiste en la mayor fuerza de compulsión de que dispone, en un momento determinado, la clase gobernante, para imponer cierto orden de cosas como regla social. Este concepto se ha cumplido a través de toda la evolución política de la humanidad: en las sociedades esclavistas, en las feudales y en las contemporáneas. En estas últimas, tenemos que referirnos a una clase que de hecho monopoliza la compulsión para dominar a sus antagónicas, organizando la fuerza, para este objeto, en instituciones permanentes, destinadas a mantener el dominio de la clase gobernante. Dominio que, tal en hecho, se formula como principio de derecho y se impone en esa pretendida calidad, como regla social, como orden social, por la propia clase gobernante.”

Así en los Estados de la antigüedad, el “orden social” consiste en mantener a los esclavos en su esclavitud y a los amos o señores en su dominio; en los Estados modernos, en mantener a los capitalistas en su privilegio y a los asalariados en su desamparo.

En Bolivia; “el orden social” consiste en mantener a los obreros (de las minas única industria importante), sometidos a la explotación de capitalistas nacionales y extranjeros, (más extranjeros que nacionales), y en permitir que todo el fruto de la riqueza y del trabajo del país sea absorbido por el capitalismo imperialista. Consiste también en mantener a la mayor parte de la población boliviana, en estado de esclavitud real, por mucho que las leyes hayan abolido esta institución.

Cuando el indio trabaja y el patrón se beneficia; cuando el indio se somete y se arrastra en la humillación del pongueaje, de la ignorancia y de la suciedad; cuando el indio, (tres cuartas partes de la población), no participa en la vida democrática; cuando marcha a guerrear por una “patria” cuyo concepto no conoce, ni cuyos límites, ni cuya historia, ni lo que persigue; por una “patria” cuyo contenido apenas si le llega en la forma de un “Estado” que se invoca para castigarle y exigirle contribuciones y nunca para llevarle una obra de aliento, de servicio; ni la reparación de sus derechos, ni la que legalmente le toca como a miembro de él; ni lo que humanamente le corresponde como a miembro de la especie; cuando el obrero y el indio arrastran silenciosamente tanta miseria, entonces se dice que hay “orden social”. La misión del Estado consiste en mantener, a todo trance, ese orden social…
Cuando se sublevan, se dice que han alterado el “orden social” y se los reduce por las armas, matándolos a millones. Cuando alguien explica la actitud de los obreros y de los indios como justa rebelión a su estado insoportable, se le responde que ahí tiene las vías legales para transformar instituciones, responsabilizar autoridades, ocupar las Cámaras si es que efectivamente cuentan con la “opinión de la mayoría nacional”. Generosa ofrenda a una población que (aún en el caso de que el sufragio pudiera ser eficaz), está impedida de aprovecharla, porque mientras por un lado le exigen como condición del sufragio, saber leer y escribir y le brindan la ocasión de redimirse por ese medio, por otro lado la mantienen sistemáticamente en el analfabetismo y el pongueaje.

Mientras tanto, ese orden en favor de unos y en detrimento de otros, es el “orden social” de cuyo mantenimiento se encarga el Poder del Estado.”

En nuestra historia se ha constatado una cosa rara y curiosa, mientras detentó el Poder la casta rosquera. El pueblo artesano o proletario se bate cómica, dramática o trágicamente en las manifestaciones populares; en los comicios electorales. El pueblo se apalea, se balea entre sí; más parece que hubiera habido una especie de consigna de casta, para que los caudillos no se tocaran entre ellos; para que los líderes o caudillos fuesen intangibles, intocables. Por ejemplo al caudillo Salamanca,[9] le respeta la bala. De una lluvia de balas el caudillo Salamanca, sale ileso; la bala le respeta…Es que el “orden social” de casta, hace que entre ellos, los caudillos, se imponga un mutuo cuidado y quien sabe respeto.

Desmenuzando un poco más este asunto, hablemos de la democracia del partido Liberal; aunque tanto ya se ha hablado, pero me han dado esta oportunidad las palabras del H.H. Angel Mendizábal. El H. Diputado por Oruro, con un criterio y orientación filosófica liberal, cree que la inocencia y la rectilínea conducta de un individuo, miembro de una sociedad o de un partido político, no tiene responsabilidad. Es precisamente lo contrario, H. señor Mendizábal; el hombre es hijo de su sociedad, de su tierra y de su tiempo. El hombre político inspira y acoge las emociones y las ideas de su partido; inclusive, piensa y hace lo que su partido le manda, le impone. De tal suerte, que si por su conducta rectilínea, cree que no ha participado en la historia, o en los atentados que le tocó hacer al partido Liberal, está en un error. Usted, como miembro del partido Liberal, es responsable directa o indirectamente de los hechos del partido Liberal…

El Partido Liberal, después de haber hecho correr ríos de sangre fratricida, llegó al Poder, y como símbolo de “su democracia”, instituyó el garrote de la “guardia blanca”[10]; garrote que mantuvo verdes las espaldas del pueblo, por el espacio de 20 años. El matonaje, el bandalaje de las “guardias blancas” formó el partido Republicano. Este terror desencadenado por la “guardia blanca”, inspiró precisamente los mejores discursos de Salamanca, Domingo L. Ramírez, el gran “pico de oro”, de Saavedra[11] y de tantos otros líderes del republicanismo. El partido Liberal, en su entronización en el Poder, por más de 20 años hizo, estructuró el incipiente capitalismo en Bolivia; fué el partido que abrió de par en par las puertas de la Patria al imperialismo rapaz. En suma, el partido Liberal, para mantener su “orden social” no se olvidó del ejercicio de la violencia. Creó las “guardias blancas.”

Después de “la gloriosa”,[12] en que cayó el partido Liberal, se instauró en el Poder, el quinquenio saavedrista. Durante este período, tampoco faltó el miedo, el órgano ejecutor de la violencia negativa. A las “guardias blancas” del partido Liberal, se sustituyó con las famosas “ovejas de Achacachi”[13]. En la técnica del apaleamiento las “ovejas de Achacachi” superaron a las “guardias blancas” del liberalismo. (Aplausos).

Tras el quinquenio saavedrista, emerge al Poder el Gran Hombre, el Hombre Símbolo[14]. Pero antes de seguir adelante, yo quiero anotar un hecho curioso e importante de nuestra historia. El partido Republicano que había luchado con valor, con denuedo en el campo de la oposición, después de cruentos sacrificios, había llegado al Poder, HH. CC. el hecho a que me he referido es el siguiente: En el momento de legalizar el “golpe de Estado”, entre el “Hombre Símbolo”, el tribuno, y don Bauti, el sociólogo, comienza a disputarse el tamaño de la cuchara; y de que cual de ellos metería primero la cuchara a la sopera del Presupuesto. Y se produce la riña y, consiguientemente, la escisión del partido Republicano. Este hecho acusa el grado máximo del cinismo personal de los caudillos. Riñen entre ellos, pelean; pero no es una pelea por los intereses del pueblo; por los intereses mayoritarios del pueblo; en el fondo, tampoco es una vulgar pelea, una riña del presupuesto y por el presupuesto.

Y estamos en la época del Gran Tribuno[15]. Llega al Poder Salamanca; de quien algunos historiadores dicen que era un viejo con 30 años de oposición demagógica; y que por adentro se enriquecía vendiendo agua a sus propios colonos. El régimen genuino, no se olvida de la violencia El genuinismo[16], para sustituir a las “ovejas de Achacachi”, como órgano ejercitador de la violencia y del terror, un órgano ingenioso, sutil acaso, inventa “los pelotaris y gateras”. Era un conjunto de hombres que jugaban pelota de mano, asociado a las gateras de la recoba, - la rabonería moderna -, que sembraba el terror. Este conjunto precisamente atacó, la casa de Montes, de Saavedra y clausuró el Congreso. Algo más, aunque tanto ya han mentado los HH. que me han antecedido el uso de la palabra, durante la época del Hombre Símbolo, el Dr. Salamanca, se incubó la famosa ley “de la Defensa Social”[17], que era la autorización, la legalización de la masacre de los obreros y de los indios que reclamaran para sí ya no garantías, sino un poco más de pan y respeto a su vida.

Pasa el periodo del Dr. Salamanca, pero pasa con una terrible agravante. Por combatir, por extirpar las ideas comunistas o socialistas, empuja al pueblo obrere de Bolivia, al caldero del Chaco. Pero en la cruenta guerra del Chaco, lejos de desaparecer las ideas redentoras del pueblo sufrido, se robustecen en el corazón del soldado y a su vuelta cobran carta de ciudadanía en la política práctica del país. El viejo demagogo fracasó en todo su intento. Pero la rosca tomó debida nota. De ahí que cuando volvieron los combatientes del Chaco y decidieron hacer “su política”, para mejorar su existencia, entonces todos los viejos zorros; demagogos se reúnen y hacen a la señora Concordancia[18]. (Aplausos)…y esta señora Concordancia alumbra, da a luz, pare un Gobierno, a un Presidente: el General Peñaranda[19]. (Aplausos)

De este gobierno podríamos hablar mucho. Pero hagamos, nada más que una síntesis. La democracia peñarandista es la culminación de los peculados y traiciones; el desarmamiento del país; el cerco a las ciudades pobres e inofensivas; la danza de los millones y los robos. Es la movilización de los trabajadores ferroviarios y de las minas; es el sitio de tanques a la ciudad de Potosí[20]; es la horrenda masacre de Catavi; y la traición al final, a la Patria.

Frente a estos hechos, señores Convencionales, lucen, huelen a ridículo los motivos que han originado la presente demanda interpelatoria, demanda que se basa en acontecimientos de que fueron víctimas cuatro personas: el Jefe del Republicanismo Socialista, Don Pedro Zilveti Arce; el Jefe del Partido de la Izquierda Revolucionaria, Don José Antonio Arze; el Jefe de la Rosca, Don Mauricio Hochschild y el Jefe del Sector Liberal en el Parlamento, Don Julio Alvarado. No hubo más, absolutamente. Pero sí que hubo una detención preventiva en el caso de Zilveti Arce, una herida en el caso del Jefe del Pir; magulladuras en el caso del señor Alvarado; y una presunción de ausencia en el caso de Mauricio Hochschild. (Aplausos y risas).

Conforme vengo desarrollando la teoría de la violencia, en este acto interpelatorio, me ha llamado sobremanera la atención un hecho. El H. Alfredo Mendizábal[21] ha negado el marxismo; ha renegado del marxismo. Como hemos visto, la esencia del marxismo es la violencia sistemática y permanente, en tanto desaparezcan las clases antagónicas que informan y forman la sociedad. El H. Alfredo Mendizábal ha predicado aquí, como un sacerdote de blanco sayal, el evangelio del amor, en lugar de la lucha de clases. Textualmente, al concluir su discurso, ha dicho: “Bolivia debe ser conducida por el amor”. El H. Mendizábal ha dicho este versículo evangélico; digno de los labios virginales del manso cordero de Getsemaní; pero este versículo había que completarlo con el versículo 44 del Evangelio de San Matero (Risas), que dice: (lee). “Amad a vuestros enemigos, bendecir a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Sin embargo, el Maestro Rojo, su maestro, Lenin, el inspirador teórico del Partido de la Izquierda Revolucionaria: a, su Partido, le podría con reproche, rectificar con las siguientes palabras al H. Mendizábal, palabras subrayadas en su libro, “Democracia burguesa y democracia proletaria”; “El que quisiera que la Revolución procediese tranquilamente y en buen orden, que fuesen dadas garantías anticipadas contra la derrota y que la revolución marchase sobre el camino real hacia la victoria sin sacrificios, no es un revolucionario. Ese individuo no se ha redimido todavía del intelectualismo burgués, y en la mayor parte de los casos, va a pasar al campo de la contrarevolución”. Agrega más adelante: “la revolución ha tomado siempre, inevitablemente, la forma de guerra civil, y no se puede pensar en ella sin destrucciones de la peor especie, sin terror y sin limitaciones de las fuerzas, en interés de la guerra social empeñada. Para no comprender y para no apreciar tal necesidad hay que ser un “enfermo intellectual”.
          
  Para concluir, señores Convencionales, debo declarar solemne y enfáticamente, que, en mi sentir y en mi pensar, la revolución ya posee conciencia suficiente de si misma, como para no asustarse ni arrepentirse de los resultados del hecho revolucionario. El Poder Político no se inspirará ni se condicionará a las exigencias de la reacción, de la rosca. La fuerza de la revolución está en el recuerdo del matrirologio que la rosca hizo sufrir al pueblo de Bolivia; en el recuerdo del tormento que le impuso por el hambre y la desnudez; en el dolor de sus heridas que aún están sangrantes. La fuerza de la revolución, está en las lágrimas y en el luto de las viudas y huérfanos de Catavi.

            La Revolución está en marcha. Puede durar cinco o diez años; eso dirá la Historia. Pero si la rosca, la reacción, levanta la cabeza, es pone en pie, la revolución perecerá. (Aplausos).


[1] Se refiere a la oposición del congreso al gobierno de Gualberto Villarroel (1944-1946) y al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).
[2] Un fundador y líder del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), un rival principal del MNR en la década de 1940. El intento de asesinato a él en 1944, por parte de un villarroelista, era uno de los acontecimientos escandalosos que provocaron fuerte reacción de la oposición a Villarroel acerca de la violencia política dirigida por su gobierno.
[3] La fecha, en la cual Gualberto Villarroel asumió la presidencia.
[4] Un diputado del Partido Liberal.
[5] Presidente de la República de Bolivia (1892-1896).
[6] Un diputado socialista. Era uno de los cuatro socialistas (Félix Capriles, Carlos Salinas Aramayo y Rubén Terrazas), opuestos a Villarroel, asesinados por miembros de la RADEPA (Razón de Patria) en Chuspipata (Nor Yungas, La Paz) el 20 de noviembre de 1944. Su asesinato provocaba fuerte reacción de la oposición (PIR y el Partido de la Unión Republicana Socialista (PURS)) que conspiraría para golpear al gobierno de Villarroel en julio de 1946.
[7] El nombre real de Lenin, Vladímir Ilich Uliánov.
[8] Un fundador y líder principal del PIR, primo hermano de José Antonio Arze.
[9] Presidente Daniel Salamanca (1931-1934).
[10] El grupo paramilitar y parapolicial que directamente respondía al orden del régimen Liberal (1900-1920).
[11] Bautista Saavedra, jurista, periodista, sociólogo, político y presidente de la República de Bolivia (1921-1925).
[12] La denominada “revolucion gloriosa” del Partido Republicano la que se logró a través del Golpe de Estado el 12 de julio de 1920 bajo el mando de Bautista Saavedra.
[13] Un grupo de vecinos and comunarios de Achacachi, afines a Bautista Saavedra. Pilar Mendieta dice, citando Marta Irurozqui (2000), que era posible que los republicanos heredaran los vínculos que José Manuel Pando tenía durante la Guerra Civil de 1898-1899. Menciona también el hecho de que Saavedra era el defensor de los comunarios en el Proceso de Mohoza y dueño de un hacienda en Achacachi, lo que podía ayudarle establecer cierta relación clientelista con los achacacheños. Pilar Mendieta, “Entre la alianza y la confrontación: Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena de 1899 en Bolivia” (Instituto Francés de Estudios Andinos; Plural Editores; Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo; Instituto de Estudios Bolivianos, 2010), 305.
[14] Daniel Salamanca.
[15] La gestión de Daniel Salamanca (1931-1934).
[16] Se refiere al Partido Republicano Genuino, fundado en 1921 por Daniel Salamanca y José María Escalier, a causa de su conflicto con el Partido Republicano de Bautista Saavedra.
[17] El proyecto legislativo del gobierno de Salamanca para otorgarse el poder extraordinario contra “la amenaza de los comunistas.” No prosperó este proyecto.
[18] Una alianza del Partido Liberal, del Partido Republicano Genuino y del Partido Republicano Socialista para las elecciones generales de 1940 que postuló General Enrique Peñaranda como su candidato presidencial.
[19] Presidente de la República de Bolivia Enrique Peñaranda (1940-1943) que era un comandante del Ejército de Bolivia en la Guerra del Chaco.
[20] Probablemente Reinaga se refiere a la persecución, por parte del gobierno de Peñaranda, del proyecto regionalista potosino, el cual fue encabezado por alcalde de Potosí, Walter Dalence Morales (1940-1942).
[21] Un diputado del PIR que sería el ministro de trabajo del gobierno de Enrique Herzog (1947-1949) del PURS.

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