LA CONCEJALA

  


LA CONCEJALA[1]

Por Minerva Coronel

A las siete de la noche del 5 de diciembre de 1999, el conteo terminó. La victoria fue contundente. Sobre siete concejalías, la agrupación ciudadana obtuvo cinco. Rosalía, sí o sí, ocuparía un curul, gracias a la alternancia hombre –mujer, mujer-hombre. Ella formaba parte del 30 por ciento de mujeres que la ley electoral de ese año implementó. Para el fifty-fifty había que esperar diez años más. Algunos hombres políticos hubieran querido minimizar su impacto, convirtiéndola en “letra muerta” o colocando a las féminas en el último lugar de las listas. Lo claro es que, a partir de esas elecciones, la participación de la mujer en política se hizo ineludible. Así, la discriminación positiva en razón de género entró con “patada voladora”.

Meses antes, un grupo de hombres había tocado su puerta. Los conocía de vista, pero nunca había hablado con ellos. Un tanto intimidados se dirigieron a ella:

– Doña Rosalía, nuestra agrupación ciudadana ha decidido invitarla para que sea nuestra candidata a primera concejala suplente- expresó el más bajo de estatura, quien parecía ser el jefe. Sus compañeros lo apodaban: Gran Jefe.

- Acepte, por favor, suplicaron sus acompañantes. –Con toda seguridad ganaremos. El pueblo está cansado de los partidos tradicionales- añadieron.

- Agradezco la invitación, pero debo consultar a mi esposo y mis hijos, respondió espontáneamente. –Vuélvanse mañana, por favor.

No era el primer intento de la agrupación ciudadana; había sufrido varias negativas. Primero, buscaron a mujeres profesionales ya que se pensaba que eran las más idóneas para asumir un rol político. A fines del siglo XX, en los pueblos chicos, prácticamente, las únicas profesionales eran las profesoras. Pero, ninguna aceptó la propuesta de Gran Jefe; unas, porque no querían perjudicarse en su carrera magisteril y otras, porque sus maridos no les autorizaron. Rosalía aceptó; felizmente, era, por lo menos, bachiller. a inscribieron como suplente del candidato a primer concejal, quien resultó elegido alcalde del municipio.

El resto de grupos políticos rastrearon a las más peleadoras, reclamonas, boconas y entradoras. Las encontraron en las juntas de padres de familia, en los sindicatos de los mercados y en las OTB (Organizaciones Territoriales de Base) o entre sus familiares. Incluso algunos vieron con buenos ojos a una macanuda, de cuerpo curvilíneo; “¡De Divito!”, como diría mi tío refiriéndose a las chicas con cintura de avispa. Tenía potencial para atraer el voto masculino de los más jóvenes.

Rosalía asumió su cargo con mucha responsabilidad. Era gran lectora, gozaba de buena verba, tenía voz potente. ¡Era líder nata! Sobre todo, gozaba de buen humor; este atributo, en el futuro, allanaría muchos conflictos en el seno del Concejo Municipal, pues, esta instancia resultaría una olla de grillos, pese a que la agrupación ciudadana contaba con la mayoría.

Era una lectora acuciosa de las leyes. Gracias a esa cualidad, pudo salvar al Concejo de incurrir en ilegalidades. Siempre que viajaba, en comisión, a la capital del departamento o a la sede del gobierno, se aprovisionaba de textos legales y los analizaba inmediatamente. Por esa actitud y capacidad, era respetada por el pueblo y temida por los políticos corruptos. Su comportamiento contrastaba con el de sus colegas, en particular con los de la oposición quienes, por demagogia o ignorancia, prometían lo imposible. Así, en una sesión, un concejal de la minoría, con expresión rígida pero peinado con flequillo, a lo “Cosquillas”, hizo la siguiente propuesta:

-Señor presidente, mis bases… bueno, varias juntas de vecinos se han acercado a mi persona para solicitar la rebaja de impuestos a los inmuebles. Creo que es una petición justa. Hay que tomar en cuenta la crisis económica que vive el país. Además, nos debemos a nuestros electores. Pido se apruebe la moción- expresó.

-La palabra, señor presidente, dijo Rosalía, en tono firme y poniéndose de píe. -Me asombra que el honorable desconozca las leyes. Con esa propuesta está induciendo al cuerpo colegiado presente, a tomar decisiones ilegales. Si el honorable se hubiese dado la pena de leer un poco, sabría que solo la asamblea nacional legislativo está facultada para crear y modificar los impuestos. Por tanto, no es una competencia municipal[2]. Pido que no se tome en cuenta la moción y que conste en actas -concluyó.

Dos mujeres más resultaron elegidas. Una solicitó permiso indefinido, por razones desconocidas; años después se supo que sufrió acoso político, pero en ese entonces, la Ley 243 estaba lejos de ser concebida. La tercera resultó temeraria e intrigante. Así también, en los cinco años de gestión, una cuarta asumió la suplencia temporal, en reemplazo del concejal titular varón, de la oposición. Provenía del área rural. Su marido, caudillo campesino, la impuso al partido político con el que hizo alianza.

La segunda edil, de la misma tienda política, tuvo un recorrido distinto al de Rosalía. Viajaba constantemente a la sede de gobierno, donde se reunía con el jefe nacional del partido, con el que la agrupación ciudadana local se había visto obligada a aliarse. Juntos maquinaban planes para derrocar al alcalde. Este dirigente político, con amplia experiencia politiquera, gustaba emplear el lenguaje inclusivo. Solía comenzar sus discursos con: “Todas y todos”, pues el “todes” no se usaba todavía”. Estaba descontento con el alcalde provincial porque éste no daba curso a sus peticiones ilícitas. Entonces, lo convirtió en el blanco de sus ataques. Por intermedio de la intrigante, promovió mociones de censura municipal para defenestrar al burgomaestre. A cambio, prometió convertirla en alcaldesa. Presumía de ser partidario de que las mujeres ocupen altos cargos políticos, cuando en realidad su objetivo era manejarlas como marionetas, para conseguir sus propósitos corruptos.

En cuanto a la tercera concejala, debido a su analfabetismo, no se le asignó ninguna comisión. No se la consideraba capaz de asumir tarea alguna. Ella llegó a creer que los ediles no hacían nada y que ganaban “de arriba”. Entonces, comenzó a difundir que ser concejal, “es fácil”. Sin embargo, ella ni imaginaba que muchas tareas habían quedado pendientes en su tratamiento y las OTBs comenzaron a solicitar la pronta reincorporación del edil titular.

¿Cuáles fueron las consecuencias en la vida de cada una de estas mujeres que, gracias a la discriminación positiva, incursionaron en la actividad política? Rosalía recibió muchas propuestas, de diferentes tiendas políticas y podría haber llegado a la Asamblea Nacional, pero, no pudo ser. Con lágrimas en los ojos, recordó el día en que su marido e hijos la acompañaron en el acto de juramento y posesión como concejala. Su hijo pequeño la había tomado de la mano al momento de su posesión y junto con ella hizo el gesto de juramento. Su marido la había mirado con orgullo y la había besado como en tiempos de enamorados. Pero, cinco años después, al acabar su gestión, se vio sola: su marido quien la había autorizado a candidatear, la había abandonado por una mujer que se contentaba con el rol de ama de casa; y lo más triste, su hijo menor comenzó a frecuentar pandillas y dejó de estudiar. Demás está decir, que su incursión en la política causó daños irreversibles en su vida familiar.

En cuanto a la concejala intrigante, no logró ser alcaldesa. Por su temperamento conflictivo, ni los políticos provinciales ni los nacionales volvieron a tomarla en cuenta. La tercera nunca ejerció como edil, a causa de su suplente varón, quien asumió el curul. Éste habría amenazado con matarla. Por último, la iletrada resultó “la mejor parada”. Logró agrandar su hato de vacas lecheras con las dietas que capitalizó.

Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente. La incursión de las mujeres en la política ha generado un conjunto de leyes que regulan la actividad política. Desde un lado positivo, se ha constitucionalizado la participación de la mujer en el poder político, de forma equitativa. Así también, una nueva ley electoral estableció la participación equitativa de mujeres, en todas las candidaturas. Del lado negativo, el recorrido político de la mujer ha estado marcado por escenarios violentos que dieron lugar a la Ley 243, Contra el acoso y violencia política hacia las mujeres.

 

 

 



[1] Ha sido publicado en la revista Emergentes 4.0 Ciencia y Arte. Vol 1, Nº 2-2025.

[2] En 1999, no era tuición de los gobiernos municipales.

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