El nacionalismo y la revolución en el indianismo de Fausto Reinaga
Por Kim Young-Hyun Inti
Introducción
Fausto Reinaga (1906-1994) era uno de los
intelectuales más controvertidos en Bolivia del siglo XX. Sus obras,
autopublicadas mayoritariamente, tocan varios temas, incluidos colonialismo,
cosmovisión, descolonización, reforma agraria, metafísicas y revolución. Muchos
intelectuales y militantes aymaras y quechuas de los años 1970 y 1980 leyeron La
Revolución India (1970), la obra más popular de Reinaga, que aboga por la
autoemancipación de la raza india. En La Revolución India y sus otras
obras de los años 1960 y 1970, Reinaga critica – a menudo brutalmente – a los
intelectuales y partidos políticos bolivianos por imponer lo que considera como
espurias ideas de clase y mestizaje sobre los indios colonizados que no son “una
clase social” sino “una raza, un pueblo, una Nación.”[1]
Rechaza lo que denomina el cholaje blanco-mestizo (mestizaje
blanqueador), cuyo objetivo es convertir a los indios en los campesinos
mestizos y borrar su identidad racial. El indianismo, una ideología de la
autoemancipación india, proviene significativamente de los escritos de Reinaga
sobre clase, nación, raza y revolución.
Muchos intelectuales han examinado la influencia de
Fausto Reinaga en la política racial en Bolivia. Pedro Portugal Mollinedo y
Carlos Macusaya Cruz notan que Reinaga “desempeñó un rol de ‘concientizador’ y
de referencia ideológica” entre los intelectuales y militantes aymaras y quechuas.[2]
Como yo he argumentado anteriormente, el katarismo, el movimiento campesino
aymara de los años 1970 que lleva el nombre de Julián Apaza Túpaq Katari, el
líder de la guerra aymara contra el dominio colonial en 1781, emergió del
contexto de la formación ideológica moldeada por la concienciación indianista
en los años 1960 y 1970.[3]
H.C.F. Mansilla, un crítico abierto del indianismo, insiste en que los
indianistas han forjado un imaginario romántico de la identidad colectiva
presuntamente arraigada en la cultura indígena no tocada por la modernidad. Desde
la perspectiva de Mansilla, este romanticismo evidencia la naturaleza
reaccionaria y conservadora del indianismo que rechaza la modernización y que
se aferra al pasado arcaico del Qullasuyu y Tawantinsuyu.[4]
Esteban Ticona Alejo argumenta que Reinaga representa lo que Walter D. Mignolo
denomina “el pensamiento fronterizo.”[5]
Reinaga, según Ticona, era un intelectual andino que ha sido obligado a adoptar
las normas culturales occidentales impuestas por el colonialismo, y
desarrollaba su propio pensamiento sobre la base de su inquieto encuentro con
el Occidente colonial. Reinaga articuló su proyecto en un espacio intermedio,
donde su conciencia india chocaba constantemente con las herencias europeas de
la sociedad boliviana. Renegó esas herencias, pero tenía que vivir con ellas.
El lenguaje colonial de castellano era el único idioma de la autoexpresión
intelectual disponible a Reinaga para transmitir sus críticas al colonialismo y
al mestizaje. Este lo hizo “un traductor de la cultura india al castellano
dominante,” articulando un pensamiento indio de un modo aparentemente
contradictorio vinculado estructuralmente con “la colonialidad del saber.”[6]
El problema fundamental, que examina Reinaga en sus
obras indianistas, es la opresión de “la Bolivia india” por parte de “la
Bolivia del cholaje blanco-mestizo,” la estructura de dominación racializada
que se perpetua. Su noción de “las dos Bolivias” encuentra eco en las teorías
de descolonización que se basan en la oposición maniquea de los
colonizadores/opresores/esclavizadores y los
colonizados/oprimidos/esclavizados.[7]
Si bien las dos Bolivias se ubiquen en el mismo territorio físico, según
Reinaga, son naciones separadas. La crítica indianista de Reinaga a “la Bolivia
colonial” se fundamenta en esta “bipolarización entre las dos Bolivias.”[8]
Su solución a este problema de la Bolivia colonial es nada pacífica: “a los
indios de Bolivia, no nos queda otro camino que ir a la violencia organizada,
para arrojar de nuestra tierra a nuestro opresor.”[9]
Hilda Reinaga, la sobrina de Fausto Reinaga y la
directora de la Fundación Fausto Reinaga, dice que las obras de él se dividen
en tres etapas: 1) el marxista-indianista o nacionalista-marxista (los años
1940-1950); 2) el indianista radical (1960-1970); y 3) el amautista (tras
1980).[10]
La mayoría de los investigadores se adhieren a la periodización de ella de la
trayectoria ideológica e intelectual de Fausto Reinaga y consideran las obras
indianistas y amautistas como las versiones más avanzadas del pensamiento de
él.[11]
En esta periodización, sus obras marxista-indianistas o nacionalista-marxistas
representan una etapa embrionaria de su pensamiento indianista que estuvo
articulado más plenamente después de 1960. Al contrario, Gustavo Cruz argumenta
que unos elementos centrales del pensamiento “preindianista” de Reinaga,
profundamente influenciado por el nacionalismo boliviano y el marx-leninismo,
siguieron siendo fundamental para su indianismo y amutismo.[12]
Este artículo ahonda en sus obras “preindianistas,” mostrando cómo el ascenso
revolucionario en los años 1940 y 1950 indeleblemente impactó su pensamiento.
Reinaga fue diputado de la Convención Nacional del MNR
(Movimiento Nacionalista Revolucionario) en 1944-1946, participó en el Congreso
Indigenal Nacional de 1945 organizado por el régimen nacionalista militar de
Gualberto Villarroel (1943-1946) y escribió con intensidad sobre la Revolución
Nacional que llevó al MNR al poder en abril de 1952. Las obras de Reinaga en
los años 1940-1950 muestran cómo críticamente afrontaba el proceso
emancipatorio generado por las movilizaciones masivas de campesinos y mineros
indios, las cuales crearon una posibilidad revolucionaria en Bolivia. Renegó
abiertamente el marxismo nacionalista después se hizo indianista, pero su
experiencia intelectual y política en los años 1940 y 1950 siguieron informando
sus discursos. El artículo echa luz sobre cómo su indianismo se derivaba de su
búsqueda de una solución ideológica a las contradicciones y los límites de la
Revolución Nacional. Argumento que el indianismo era una ideología nacionalista
para redefinir la nación boliviana en los términos raciales del poder indio.
Reinaga teorizó el poder indio sobre la base de sus relaciones críticas con el
proceso revolucionario de los años 1940 y 1950. Examino cómo su noción del
poder indio se relaciona a su vista utópica de lo indio y la insurgencia
anticolonial que promueve una versión alternativa de la homogeneidad nacional. Concluyo
con comentarios sobre sus inquietas y contradictorias relaciones con los
movimientos aymaras y quechuas en los años 1970 y 1980 y con los debates
contemporáneos sobre la descolonización y raza en Bolivia.
Fausto
Reinaga y el marxismo nacionalista
La formación ideológica temprana de
Fausto Reinaga se relacionó cercanamente con el surgimiento de la política
revolucionaria en Bolivia después de la Guerra del Chaco (1932-1935) que
descaradamente reveló la división racial de la nación. Los criollos
“controlaron todas las posiciones de retaguardia y puestos de mando,” mientras
que la mayoría absoluta de los soldados del frente fueron los indios que
“fueron arrancados de sus casas, ‘redondeados como llamas,’ transportados al
frente de la guerra y utilizados como carnes de cañón desechables.[13]
La guerra, según René Zavaleta Mercado, puso de manifiesto que Bolivia estaba
en un “estado de error.” En la terminología de Zavaleta, el Estado boliviano en
el Chaco fue un “Estado aparente,” cuyo aparato formal de gobernación sirvió
los intereses solamente de la minoría gobernante, sin incorporar la mayoría
popular a sus sistemas de ciudadanía y poder.[14]
Las críticas nacionalistas, anarquistas y marxistas a la Rosca (la oligarquía
minera que dominaba Bolivia desde los años 1920 hasta 1952) se hicieron
generalizadas entre los universitarios y políticos jóvenes, quienes
desempeñaron un papel central en la política posguerra.[15]
El Chaco se convirtió en un significante punto de referencia histórica para los
intelectuales militantes nacionalistas, quienes constituyeron el núcleo del
MNR.[16]
El Chaco llegó a simbolizar la revelación histórica que el Estado boliviano
existente era contra la nación y que el pueblo nacional tenía que derribar este
Estado antinacional. Para los nacionalistas revolucionarios después de la
Guerra del Chaco, la nación se puso consciente de sus propios destino,
independencia y tareas que debían cumplirse para su emancipación.
En El Pensamiento Amaútico (1978),
Fausto Reinaga comenta sobre su activismo político durante los años 1930. En su
versión, Reinaga fue dirigente de varias organizaciones estudiantiles en Sucre,
como el Consejo Supremo de la Universidad Boliviana y la Federación
Universitaria, y ocupó la posición del Secretario de Cultura en la Federación
Obrera de Sucre. Participó en protestas antigubernamentales después el gobierno
de Daniel Salamanca (1931-1934) entró en guerra con Paraguay en 1932. En su
crítica al gobierno, argumentó que Salamanca sacrificaba las vidas de
campesinos y trabajadores indios por los beneficios de la oligarquía gobernante.
En una protesta en la Plaza 25 de Mayo en Sucre, Reinaga hizo un discurso
público basado en su “socialismo científico” y “el nuevo evangelio del
marxismo,” haciendo un llamamiento a la terminación de la guerra, la dictadura
proletaria y el derrocamiento del gobierno de Salamanca. La policía lo detuvo
por instigar a la muchedumbre y subvertir el orden público, y lo torturó para
que firmara un documento que denunciaba sus actividades políticas.[17]
Gustavo Cruz argumenta que el elemento central del
marxismo de Reinaga era leninismo, combinado con el nacionalismo boliviano y el
discurso racial de la emancipación india.[18]
Unos discursos de Reinaga como diputado de la Convención Nacional claramente
señalan fuerte influencia leninista como se ve en su propugnación de “la
violencia revolucionaria” contra la resistencia “reaccionaria” de la Rosca que
debía ser aplastada para establecer una dictadura proletaria y un Estado
Revolucionario. “El reinado de la violencia” duraría hasta que “emerja sobre
esta faz de la tierra, una sociedad sin clases. El sacerdote de esta religión
[revolucionaria], Lenin” inspiraba a Reinaga a concebir una “Historia” hecha
“por la violencia,” la que debería hacer los campesinos y trabajadores indios
“exterminar” a los gamonales y los opresores burgueses.[19]
Reinaga definió su primer libro Mitayos y Yanaconas (1940) como un
análisis marxista de los sistemas socioeconómicos del Tawantinsuyu, el que consideró
como una sociedad comunista basada en la organización comunal del ayllu.[20]
El libro discute “el Comunismo incaico” y su desplazamiento por los sistemas
feudalistas de hacienda, mita (un sistema cíclico de la labor india
forzada en los Andes bajo el dominio español; derivado de la mit’a del
inka) y tributo después de la conquista española. Desde la perspectiva de
Reinaga, estos sistemas eran las causas históricas y estructurales del
empobrecimiento y la marginación de los campesinos y trabajadores indios en
Bolivia, y se debían eliminar por la violencia revolucionaria para que se
emancipara la raza india.
Reinaga equiparó la lucha nacional y la de clase, las que
emanciparían a los campesinos y trabajadores indios de la Rosca y el
gamonalismo (un sistema de la dominación rural que subyugaba los ayllus a los
hacendados). En Nacionalismo Boliviano publicado bajo el seudónimo Ruy
Ripaj, Reinaga sugiere que el movimiento de la liberación nacional es una
“lucha de clases, la lucha de los pobres contra los ricos.”[21]
Las clases oprimidas aquí son los indios esclavizados por el gamonalismo y
explotados por la Rosca. La lucha de los pobres contra los ricos es también una
lucha de los indios contra el colonialismo en el marxismo nacionalista de
Reinaga. Reinaga insistió en que los líderes indios de las rebeliones
anticoloniales como Julián Apaza Túpaq Katari y Tomás Katari eran entre
“nuestros hombres cimas,” junto con los fundadores criollos de la República de
Bolivia.[22]
En Tierra y Libertad. La revolución nacional y indio, Reinaga declara
que el libro es “[e]l producto de mi NACIONALISMO BOLIVIANO,” y destaca que los
indios son fundamentales para la nación: “ningún problema de carácter
económico, social, político, inmigratorio, sanitario, militar, educacional,
cultural, revolucionario, etc., puede encararse y menos resolverse a espaldas
de la mayoría nacional, a espaldas del indio.”[23]
Con su propia conciencia nacional, el indio ha materializado la Revolución
Nacional que “le dará tierra y libertad.”[24]
El indio, según Reinaga, demostró su capacidad para emanciparse y cambiar la
nación.
Si bien Reinaga de los años 1940 y 1950 argumentó que
los indios serían liberados por su incorporación a la nación boliviana, “no
buscaba la asimilación pasiva de ellos en la sociedad nacional blanco-mestiza.”[25]
En el proceso revolucionario de los años 1940 y 1950, vio una legítima
posibilidad de la emancipación india que pudiera articularse con una Revolución
Nacional.[26]
Una cuestión crítica aquí fue la relación entre los indios y la nación
boliviana. A pesar de ser colonizados por los españoles, explotados por los
gamonales y los dueños de las minas, y estigmatizados como una raza inferior,
los indios constituían “el HOMBRE esencial y formal por excelencia en Bolivia,”
quien debía ser “el dueño auténtico del destino de Bolivia.” Este “hombre
esencial y formal por excelencia” era para siempre el sujeto político principal
de Reinaga. Aludiendo a su presunta ascendencia de Tomás Katari, Reinaga nota
que “la causa del indio es sagrada para mi, porque ella es mi propia causa. Por
mi ascendencia y cuna: Tomás Katari y Macha, por mi carne y alma, por mi sangre
y espíritu […] me siento tan indio.”[27]
Desde su perspectiva, una revolución debía cumplir esta causa sagrada.
La Revolución
Nacional y los indios
Las movilizaciones de los comunarios
(miembros de una comunidad indígena), los colonos (indios subyugados a
los hacendados) y los mineros crearon un proceso revolucionario en Bolivia en
los años 1940. En el campo, los comunarios y los colonos lanzaron rebeliones
innumerables contra los hacendados para exigir la tierra y la abolición del pongueaje
(los servicios laborales no remunerados de los colonos para sus hacendados).
Los colonos de Cliza en la Provincia Germán Jordán en Cochabamba fundaron el
primer sindicato rural en la historia boliviana en 1936 para confrontar a los
hacendados. Las huelgas de brazos caídos en el campo de Cochabamba, La Paz,
Oruro y Potosí en 1939-1943 socavaron el régimen de hacienda. El gobierno de
Villarroel respondió a las demandas de los colonos y los comunarios, y organizó
el Congreso Indigenal Nacional en 1945 que quería abordar aquellas demandas
dentro de los marcos legales delimitados por el Estado. Los activistas
anarquistas urbanos de la FAD (Federación Agraria Departamental) y la FOL
(Federación Obrera Local) colaboraron con los colonos y los comunarios en La
Paz para crear una red regional de sindicatos rurales, la cual fue la base para
levantamientos contra el régimen de hacienda en el departamento a mediados de
la década de 1940. Las invasiones de tierras, huelgas de brazos caídos y
ataques físicos a las haciendas desestabilizaron efectivamente ese régimen en
el campo de Cochabamba y La Paz en 1946-1947. Así los colonos y comunarios desataron
su fuerza política de revolución rural.[28]
En las minas, la noción de la
revolución proletaria se hizo un componente central de la lucha popular contra
la Rosca en los años 1930 y 1940, puesto que lo propugnaban los partidos
marxistas como el PIR (Partido de la Izquierda Revolucionaria) y el POR
(Partido Obrero Revolucionario). El 21 de diciembre de 1942, los mineros de
Catavi y Siglo XX marcharon exigiendo mejores condiciones laborales y el
incremento salarial conforme a la tasa de inflación. El gobierno de Enrique
Peñaranda (1940-1943) se puso del lado del dueño de las minas, Simón Patiño, y les
ordenó a sus soldados que mataran a tiros a los mineros que protestaron.[29]
Por este incidente, conocido como la masacre de Catavi, Patiño llegó a
personificar la oligarquía antinacional, el Metal del Diablo como
denominaba Augusto Céspedes.[30]
En 1944, diversos sindicatos mineros
se unificaron en la FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de
Bolivia) para derrocar la Rosca y promover una revolución proletaria. La Tesis
de Pulacayo, escrito por Guillermo Lora del POR, fue adoptada como la
plataforma oficial de la FSTMB en noviembre de 1946. La Tesis definía al
proletariado como “la clase social revolucionaria por excelencia” y a “[l]os
trabajadores de las minas” como “el sector más avanzado y combativo del
proletariado nacional,” y declaraba que deberían cumplir el papel de la
vanguardia revolucionaria. Durante el sexenio entre la muerte de Villarroel en
julio de 1946 y la Revolución Nacional en 1952, la FSTMB y el MNR forjaron una
alianza, y organizaron varias huelgas e insurrecciones urbanas que fueron
reprimidas por los gobiernos rosqueros. Cuando el MNR lanzó una insurrección
para tomar el poder durante la Semana Santa de 1952, las milicias mineras
desempeñaron un papel decisivo en derrotar el militar en La Paz y Oruro. La
demanda de los mineros por la nacionalización de las minas se hacían una parte
central del debate político en el gobierno revolucionario encabezado por el
MNR.[31]
El 31 de octubre de 1952, Presidente
Víctor Paz Estenssoro (1952-1956) del MNR y Juan Lechín Oquendo, el secretario
general de la COB (Central Obrera Boliviana), proclamaron la nacionalización de
las minas. El MNR declaraba que Bolivia había recuperado su control soberano
sobre la economía nacional monopolizada y explotada por la Rosca.[32]
En el campo, las rebeliones de los colonos y los comunarios hicieron la reforma
agraria una cuestión urgente. El triunfo revolucionario en la ciudad incitó a
los colonos y los comunarios a rebelarse contra los hacendados que se negaban a
renunciar a sus tierras. Las insurrecciones en el campo de Cochabamba, La Paz y
Oruro de abril de 1952 a agosto de 1953 forzaron a muchos hacendados a huir a
la ciudad y obligaron al MNR a abordar las demandas agrarias inmediatamente.[33]
La reforma agraria decretada en Ucureña el 2 de agosto de 1953 expropiaba
grandes fincas, y distribuía las tierras a los comunarios y los ex-colonos. Las
propiedades clasificadas como “pequeñas y medias” y “empresas agrarias” eran
eximidas de expropiarse porque el MNR las consideraba como las bases para la
agroindustria boliviana que “modernizaría” la economía agraria del país.[34]
Poco después de decretarse la reforma
agraria, Reinaga escribió que, por fin, su “angustia revolucionaria” se había
resuelto con una revolución agraria orientada hacia “la liberación del indio.” Declaraba
que, el 2 de agosto de 1953, “los 200.000 indios presentes en Ucureña
escucharon la voz libertaria de la revolución” que les había dado la tierra y
la libertad. En este momento histórico, Reinaga se echó a “llorar, cantar,
bailar” junto con otros indios que se regocijaron por haber “conquistado” su
libertad: “yo, indio de carne y alma en medio de sollozos entrecortados, a la
conclusión de la lectura del decreto fui el primero en gritar: ¡Viva la
liberación del indio! ¡Viva la reforma agraria!”[35]
Reinaga creyó que la tierra era la
esencia de la raza india. Los indios se hubieron caído en una condición
deshumanizada por “[l]os gamonales-latifundistas que han despojado ‘sus’
tierras a los indios.”[36]
Para Reinaga, este despojamiento desposeía a los indios no sólo de su medio y
modo de producción; la tierra era también una manifestación de la Pachamama,
“la madre del hombre,” la que “le nutre, sombra le da en este ‘valle de
lágrimas.’” Ya que los indios perdieron sus tierras a los
gamonales-latifundistas, se convirtieron en una raza sin madre, “delincuentes
pasibles.” Ahora, por la revolución, “esgrimen el derecho del hijo a
reconquistar su madre” y recuperar su “dignidad de un hombre libre.” La lucha
revolucionaria de los indios por la tierra, por lo tanto, expresaba un deseo de
reclamar su madre, su Pachamama, quien había sido tomada forzosamente por los
gamonales.[37]
Aunque Reinaga apoyó inicialmente la reforma agraria,
quería una forma más radical de cambio agrario que la reforma de 1953. Creía
que la reforma fue una política burguesa promovida por el ala conservadora del
MNR y los comunistas aliados con el gamonalismo. Sin eliminar “el régimen
feudal” de hacienda, “la reforma agraria es un programa reaccionario” opuesto
al “proletariado organizado y los dos millones y medio de indios” que querían
“REVOLUCION AGRARIA.”[38]
Reinaga preveía una revolución agraria que nacionalizara las tierras “sin
indemnización de las tierras del latifundio nacional” y las distribuyera a los
ex-colonos sindicalizados conforme a “la estructura del ayllu-comunidad.” Los
ex-colonos recibieron mayoritariamente pequeñas parcelas de la tierra que eran
menos de 5 hectáreas. Reinaga argumentó que los minifundistas debían ser
apoyados por el Estado y organizados como cooperativas comunitarias basadas en
los sistemas del ayllu.[39]
En mayo de 1954, Presidente Paz decretó que todas las propiedades comunales,
usurpadas por los poseedores privados después de 1900, se debían retornar a las
comunidades. A pesar de su priorización de las propiedades individuales de
pequeño y medio tamaño, el MNR sabía que no pudo silenciar la demanda de los
comunarios por la restitución de las tierras comunales, y era “más flexible en
sus prácticas” de implementar la reforma a nivel local. La reforma era más que
una “política burguesa” y “programa reaccionario” porque involucraba a muchos
comunarios y colonos indios, cuya presión política obligó al MNR a cumplir con
unas demandas suyos.[40]
Pero, Reinaga no consideraba la reforma como
suficiente para el empoderamiento y la liberación políticos de los indios. Para
él, la reforma agraria era no solamente una cuestión del cambio económico
concerniente a la propiedad de la tierra sino una parte de un proceso
revolucionario que debía empoderar a los indios para conquistar el poder
político. En este sentido, lo que pasó después de la reforma agraria le fue
desilusionante. El Ministerio de Asuntos Campesinos, creado después de la
reforma, instituyó sindicatos rurales afiliados al Estado. Estos sindicatos se
incorporaron al sistema clientelar de control político manejado por caciques
locales y sus jefes en los escalones más altos del gobierno nacional.[41]
Esta subordinación política de los indios, o “el pongueaje político” fue apenas
parecida a la liberación india por la que Reinaga abogaba.[42]
Desde el punto de vista de Reinaga, los límites de la
reforma agraria del MNR evidenciaba que el partido no representaba la
Revolución Nacional hecha por los indios. Su relación inquieta con los líderes
del MNR dató de 1947, cuando fue expulsado del partido por la “deslealtad” al
liderazgo, entonces exiliado en Buenos Aires. Aunque su expulsión fue no
procesada oficialmente, se resintió por ser perseguido por líderes del partido,
quienes pretendían silenciar su voz radical.[43]
Les criticó abiertamente por ser incapaces de desarrollar un claro programa
revolucionario, y argumentó que “[e]l MNR no era…la vanguardia de las masas.”[44]
Un mes después de la llegada del MNR al poder, públicamente admitió, bajo
presión de los líderes del partido, que “me he equivocado” en criticarlos.[45]
Después de que el MNR tomó el poder, instó al partido para que se cumpliera “el
glorioso papel de dirección y ejecución de la Revolución Nacional,” el cual se
le dio por las masas bolivianas en este “momento histórico.” Siguió advirtiendo
a los militantes del MNR que debieran ser recelosos de “las camarillas
reaccionarias,” aparentemente unos líderes del partido.[46]
En 1953, el MNR anunció que Reinaga conspiraba con los comunistas para firmar
un “pacto movimientista-comunista” y socavar la Revolución Nacional. Esto llevó
a su expulsión oficial del partido.[47]
Las credenciales revolucionarias del MNR cada vez más
se hicieron sospechosas a los ojos de los intelectuales y militantes
izquierdistas y nacionalistas en mediados de la década de 1950, puesto que el
gobierno “revolucionario” se alineaba con EE. UU. y se ponían en contra de los
mineros indios. Los caciques afiliados al MNR movilizaron a sus campesinos para
unirse a los militares en suprimir a los mineros durante la segunda presidencia
de Paz Estenssoro (1960-1964).[48]
Tal “retrogradación” de la Revolución Nacional desilusionó a muchos
intelectuales y militantes izquierdistas y nacionalistas, incluyendo Reinaga;
ellos analizaban cómo y porqué la Revolución había perdido su ímpetu
emancipatorio.[49]
En el análisis de Reinaga, le faltaba críticamente a la Revolución Nacional “una
ideología genuina” fundada en “la auténtica historia” de la nación.[50]
Esto era un problema cultural que tenía que ver con el estado “colonizado” de
la intelligentsia boliviana. “La cultura auténtica boliviana,” arraigada en lo
indio, “se desprecia, se escarnece” porque los intelectuales bolivianos no
habían roto sus vínculos con la Rosca y el feudalismo y sólo imitaban la
cultura europea. Incluso muchos marxistas, supuestamente con una conciencia
revolucionaria, “[han] caído en los mismos pecados” de eurocentrismo,
considerando a los indios como una atrasada clase campesina que debiera ser
correctamente guiada por la vanguardia proletaria.[51]
La descolonización cultural de los intelectuales bolivianos llegó a ser un tema
principal del proyecto de Reinaga después mediados de la década de 1950.
Buscaba una ideología que revitalizara la Revolución Nacional y cultivara una
conciencia crítica respecto a la centralidad de la raza india para la nación. Franz
Tamayo y la revolución boliviana (1957) era producto de su búsqueda de la
revitalización ideológica de la Revolución.
La crítica a
Franz Tamayo: una conciencia india
Franz Tamayo y la revolución
boliviana críticamente analiza las obras de Franz Tamayo, un pedagogo,
poeta y político boliviano de principios y mediados del siglo XX, hijo del
estadista renombrado, Issac Tamayo, y una mujer quechua. En 1910, Franz Tamayo
publicó Creación de la pedagogía nacional, una colección de los ensayos,
los cuales había escrito para El Diario. El libro aboga por una nueva
pedagogía que concuerde “con nuestras costumbres [y] nuestras tendencias
naturales…y en armonía con nuestras condiciones físicas y morales.” Tamayo
criticaba la tendencia pedagógica dominante de imitar los modelos educacionales
europeos, y recalcaba la centralidad de lo indio para “nuestro carácter
nacional,” argumentando que lo indio se debe revitalizar por “una enorme concentración
de energías interiores” de una raza india “perfectamente adaptada” a los Andes.[52]
Los cuatro siglos de explotación por los españoles, criollos y mestizos, según
Tamayo, habían privado a los indios del poder para producir y comprender los
complicados fenómenos. Sin embargo, la raza india resistió esa explotación con
persistencia, y sobrevivió como un pueblo que constituyera “el fondo principal
de nuestra nacionalidad.” Tamayo argumentaba que una pedagogía nacional debería
“despertar la voluntad adormecida y la energía latente [de los indios],” la
fuente verdadera de la energía nacional que se debía revivificar a través de la
educación.[53]
La noción de Tamayo sobre lo indio
se hizo un elemento central del indigenismo boliviano promovido por los
intelectuales blancos y mestizos que buscaban incorporar elementos selectos,
supuestamente valorables, de la cultura indígena a la sociedad nacional. En la
pedagogía nacional de Tamayo, Reinaga veía un humanista burgués que asimilaba
la cultura occidental con el espíritu de la raza india, celebrando el potencial
y el orgullo de aquella raza. En Franz Tamayo y la revolución boliviana,
Reinaga destaca que la pedagogía de Tamayo “penetra históricamente…la
conciencia india” y “está destinada a ser…bandera de la revolución india en
Indoamérica [y] especialmente en Bolivia.”[54]
Reinaga era optimista sobre la capacidad de los indios de materializar su
potencial cultural como explicado en Creación de la pedagogía nacional,
y esperaba que desarrollaran una conciencia nacionalista basada en la pedagogía
de Tamayo. Sin embargo, Reinaga era crítico con respecto de las contradicciones
entre la valorización indigenista de lo indio de Tamayo, por un lado, y sus
vínculos personales y políticos con el gamonalismo y la Rosca, por el otro. A
pesar de su pedagogía revolucionaria que críticamente iluminaban la centralidad
y el potencial de los indios para Bolivia, la vida real de Tamayo jamás
coincidía con los ideales expresados en sus escritos; él mismo Tamayo era un
hacendado y poseía pongos (los indios cumpliendo con el pongueaje). Inicialmente
elogió a Gualberto Villarroel como “sabio presidente,” pero en 1946, cuando el
presidente fue matado y los aliados de la Rosca volvieron al poder, Tamayo se
puso del lado de ellos. Reinaga criticó con dureza la traición de Tamayo a
Villarroel y a la Revolución Nacional representada por el presidente colgado.[55]
Si bien Tamayo proponía que se liberaran los indios, “tenía los pies en el lodo
de la explotación feudal”:
El conductor de las juventudes, el ideólogo, el
maestro que había en Tamayo se desvaneció. Dejando el cayado del idealista a la
vera del camino, se envolvió en la bandera de un partido político, cuyos jefes
y militantes eran como él dueños de fincas y pongos. La Pedagogía que fue una
arremetida contra el régimen feudal de la sociedad, quedó con la filiación y
lucha política de su autor como obra de nadie, flotando en el polvo de anémicas
bibliotecas particulares.[56]
A pesar de las
relaciones contradictorias de Tamayo con la Rosca y los indios, Reinaga
ensalzaba Creación de la pedagogía nacional como “el grito de una raza
oprimida” y una voz dolorosa de “las nacionalidades indias sometidas” que
iniciaron “una gran rebelión de la sangre india.” Tamayo, según Reinaga,
comprendía una realidad nacional de la injustica contra los indios, pero no
aplicaban sus principios intelectuales a su propia vida en contraste con otros
indigenistas como José Carlos Mariátegui, quienes dedicaron sus vidas a la
liberación india por la conquista revolucionaria del poder.[57]
Tamayo, a los ojos de Reinaga, era indigenista burgués que concebía “el
problema indio” sólo en términos de cultura y justicia moral sin comprender
cómo este problema se vinculaba estructuralmente con las relaciones de poder
colonial y cómo se debían desmantelar estas relaciones. Tamayo “no alcanza a
proponer un remedio justo para curar la llaga” infligida por el
colonialismo a los indios.[58]
Reinaga creía que los indios debían comprender la realidad más allá de las
críticas burguesas articuladas por Creación de la pedagogía nacional.
Sin una conciencia del poder indio, la pedagogía nacional de Tamayo no era más
que “una mordaz crítica positivista [que] no alcanza a ser una crítica
revolucionaria” o un programa para la emancipación india.[59]
“Sólo cuando el indio tenga o cuando alcance el poder político” para determinar
su destino como pueblo, Bolivia sería “una nación real y verdadera”:
[L]a causa de la vida en Bolivia es el indio…¿Qué
“todo miente en Bolivia? Sí, menos el indio. La verdad es la causa del indio.
La verdad es la revolución india.[60]
Reinaga aquí
expresa un nacionalismo indio-boliviano que considera lo indio como la fuerza
superior de la emancipación nacional. Este etnonacionalismo, que centra un
grupo étnico, negaba el nacionalismo del MNR que destacaba las cosas en común
de los campesinos, trabajadores, intelectuales, artesanos, comerciantes y otros
grupos urbanos como mestizos unidos bajo la misma bandera de la nación
boliviana. Lo que hizo revolucionaria para Reinaga la Revolución Nacional era
el papel central que campesinos y mineros indios desempeñaron en derrotar a los
gamonales y la Rosca. La Revolución Nacional fue posible porque los indios
hicieron su propia revolución juntamente con Villarroel, el MNR y otros actores
políticos a nivel nacional.
La creencia de Reinaga en la posibilidad
de la emancipación india a través de la Revolución Nacional había declinado
para finales de la década de 1950. En su carta a Tristán Marof el 21 de marzo
de 1959, expresa su nueva creencia en “el más puro movimiento indio” que se
debe iniciar por intelectuales conscientes.[61]
Su crítica a los intelectuales bolivianos evidenciaba que perdió su fe en una
Bolivia, dónde se quedaron los indios en la parte de abajo de la jerarquía
social bajo un Estado supuestamente revolucionario. Comentando sobre la relación
contradictoria de Tamayo con los indios, Reinaga pregunta, “¿Qúe hace el indio
para el Estado? Todo. ¿Qué hace el Estado por el indio? Nada.”[62]
La complicidad de los intelectuales
bolivianos con el Estado colonial de Bolivia era un principal tema en las obras
indianistas de Reinaga en la década de 1960.[63]
En una de estas obras, El indio y los escritores de América (1969),
presenta a Tamayo como el escritor representativo de Bolivia junto con otros
intelectuales latinoamericanos como Domingo Faustino Sarmiento, Manuel González
Prada, Luis Eduardo Valcárcel, José Carlos Mariátegui, Jorge Icaza y José
Vasconcelos. En sus otras obras de la década de 1960, Reinaga comenta
positivamente sobre Tamayo como “gran pensador indio” que toma la academia
boliviana por asalto como “una tempestad en los Andes,” aludiendo al libro de
Valcárcel.[64]
En El indio y los escritores de América, cambia el tono del discurso de
Reinaga, identificando a Tamayo con “un polichinela helenoide que riega sus
latifundios con la sangre y las lágrimas de sus ‘hermanos de raza’, los
indios-esclavos.” Tamayo es “un estupendo mercachifle” y “un payaso de
grandísima mala fe” con falsa pedagogía emancipatoria, cuyo verdadero rostro
“ha [sido] descubierto y puesto en evidencia” por los indios que se esfuerzan
propiamente por su liberación.[65]
Reinaga distinguía entre los dos
Tamayos que constantemente se contradecían. Creación de la pedagogía
nacional era producto del Tamayo indio, un intelectual crítico que
reconocía sus raíces raciales derivadas de su madre quechua. El otro Tamayo, el
gamonal, era “enemigo número uno” de Bolivia, “[el] hacedor más responsable de
la tragedia de Bolivia y [el] explotador y esclavista más desalmado del indio.”[66]
En la opinión de Reinaga, “Tamayo no era una unidad, un ser íntegro y pleno,” sino
constaba de un indio y un blanco “trenzándose como dos víboras”; no era “ni
indio ni blanco” sino un mestizo con “una conciencia desgarrada,” aquejado de
un complejo de inferioridad hacia los intelectuales europeos “auténticamente”
blancos; buscaba limpiarse de su sangre india, el estigma de la raza inferior.[67]
Tamayo le personificaba a Reinaga las dos Bolivias, la india y la mestiza
europeizada, que resultaron de “la yuxtaposición de la nación mestiza sobre la
nación india.”[68]
Reinaga creía que esta yuxtaposición inevitablemente llevaba a la opresión
blanco-mestiza de la Bolivia india. La persistencia de los oprimidos como una
raza y nación había creado una Bolivia, dónde era permanente la lucha nacional
y racial de los indios contra la opresión blanco-mestiza. El Estado boliviano
“exist[ía]…sólo en las formas más odiosas” a los ojos de los indios porque era
un órgano mestizo de dominación que había arbitrariamente “asum[ido] la
autoridad de las dos Bolivias.”[69]
Desde la perspectiva de Reinaga, los intelectuales mestizos como Tamayo
encarnaban esta contradicción de la Bolivia mestiza que quería “aplastar y
ahogar” su parte india por su deseo de blanquearse al cuerpo y la cultura.[70]
Una Revolución Nacional, que negara
la esencia india de la nación boliviana, según Reinaga, “ha[bía] sido una sífilis,
una lepra para Bolivia” con “los famosos ‘dirigentes campesinos’” que servían
el MNR “como ratas de albañal para roer la economía y la fuerza del indio.”[71]
Creía que los intelectuales mestizos, Tamayo entre ellos, eran como aquellas
ratas de albañal, corroyendo la integridad de la raza india. Reinaga elogiaba Creación
de la pedagogía nacional como una revelación de la conciencia india en los
años 1950, mientras que a la vez buscaba limpiarse del “limo imperialista y
feudal” del Tamayo gamonal.[72]
En el prólogo a Franz Tamayo y la revolución boliviana, Reinaga declara,
“Mi Tamayo moría y revivía, para volver a morir y revivir en toda mi alma y
carne.”[73]
Si bien el Tamayo indio se quedó como una semilla de la conciencia para la
revolución india, había estado prácticamente muerto como una fuerza política
bajo el yugo de su contraparte gamonal. ¿Qué hacer? La respuesta de Reinaga era
una revolución india que “salvar[á] a Bolivia; a la Bolivia sanguínea y
espiritual; a la Bolivia eterna; a la Bolivia india”; la Bolivia que había
sobrevivido y revivido en el alma y la carne del indio a pesar de ser
estigmatizado, negado y abandonado por los mestizos blanqueados.”[74]
Dos Bolivias,
revolución india y utopismo
El indianismo de Reinaga consideraba
al indio como una Bolivia “auténtica” diferente de la Bolivia colonial
gobernada por los blancos y mestizos, quienes simulaban que eran “civilizados”
pero esencialmente “lacayos viles” de Europa.[75]
No creía que las dos Bolivias se pudieran unir con paz en una nación, porque
concebía la relación entre ellas como inherentemente antagónica entre sí; por
lo tanto, abogaba por la emancipación india materializada por “la violencia
organizada, para arrojar de nuestra tierra a nuestro opresor.”[76]
Como citaba con frecuencia a Frantz Fanon en sus obras indianistas, Reinaga
sostenía que la liberación de “las masas colonizadas […] se pueden alcanzar
solamente por la fuerza.”[77]
Mansilla señala que el grito de Reinaga por la insurgencia anticolonial es parecido
a “la violencia revolucionaria y utópica” teorizada por Walter Benjamín:
violencia “pura y autorreferencial” que sea “un fin en sí misma.”[78]
Mansilla argumenta que el binario indio/blanco-mestizo de Reinaga expresa “una
visión rudimentaria” que divide el mundo moralmente en dos polos opuestos: “lo
propio/lo ajeno; amigos/enemigos; la verdad/la mentira.”[79]
Esta visión maniquea construye “dos corrientes opuestas – que pueden ser
movimientos políticos o tendencias de pensamiento –, con exclusión de otras
alternativas” que existan en el mundo pluralista de democracia moderna.[80]
El indianismo y otras teorías de descolonización, según Mansilla, son doctrinas
autoritarias que idealizan el pasado preconquista con anhelo conservador de
regresar a la imaginada época de oro intocada por la influencia occidental.
Según Reinaga, la violencia
anticolonial era un medio de la política popular de la autoemancipación frente
la democracia representativa consagrada por el liberalismo. Esa democracia, según
él, había negado a los indios, les hecho promesas vacías de libertad y
demostrado ser “pura imitación, imitación simiesca” de Europa que colonizaba al
tercer mundo.[81]
La democracia, que él concebía, debería concientizar a los indios sobre su
poder y drásticamente reestructurar las relaciones de poder entre la Bolivia
india y la Bolivia del cholaje blanco-mestizo. El derecho de los indios al voto
significaba nada emancipatoria, siempre y cuando los indios permanecieran
subordinados a los blancos-mestizos que los habían instrumentalizado como
“pongos políticos” a través del clientelismo. Los indios, “usemos nuestro voto
para nuestros propios fines. El voto indio debe ser para el indio” que debe
tomar el poder y gobernarse para él mismo.[82]
La democracia de Reinaga promovía “una lucha militante contra la opresión
colonial” perpetuada por la Bolivia del cholaje blanco-mestizo.[83]
Declaraba que, por esta lucha “no escatimaremos ningún sacrificio ni el de
nuestra propia vida.”[84]
Este rasgo beligerante del discurso
de Reinaga, combinado con su fuerte tono racialista, ha provocado reproches de
muchos intelectuales bolivianos, quienes lo denuncian por extremista,
fundamentalista, racista inverso e irracional utópico.[85]
A aquellas críticas, Reinaga contestaba diciendo, “el racismo indio no es el
racismo blanco […] Mientras los blancos imponen la esclavitud, el indio lucha
por la libertad.”[86]
El discurso racial de Reinaga era como lo que Fanon denomina “la obra de los
colonizados […] para imaginar todos los métodos posibles para aniquilar a los
colonialistas,” quienes se las ingenian “para imposibilitarles a los
colonizados hasta soñar con ser libres.”[87]
La teoría del “absoluto mal del colonialista” de Fanon desafía la noción
colonial de la absoluta inferioridad de los indios colonizados; la insurgencia
anticolonial india en este contexto es una “praxis violenta” de la política
racial realizada “en reacción a la violencia primaria del colonizador.”[88]
Los indianistas deliberadamente
idealizaban la cultura india arraigada en el pasado preconquista para que se
definieran quienes fueron las víctimas de la violencia colonial, quienes las
victimizaron y lo que se debieron hacer para eliminar a los victimarios. La
idealización del pasado preconquista aquí no era simplemente por un sueño
utópico de regresar a un pasado arcaico. Como Alberto Flores Galindo argumenta,
el Inka y otros símbolos del pasado preconquista en los Andes adquirieron
significados positivos como una visión colectiva para los pueblos indígenas
colonizados en su respuesta al colonialismo español.[89]
Las rebeliones andinas contra el colonialismo como Taqui Unqui y las lideradas
por Juan Santos Atahualpa (1742-1756) y José Gabriel Túpaq Amaru (1780-1781) realizaron
“la utopía andina” que ha seguido informando los debates peruanos sobre la
identidad nacional y revolución después de la Independencia.[90]
Las utopías andinas se han articulado por intelectuales, militantes, rebeldes y
revolucionarios, quienes conviertan el utopismo en un principio de guía para
las masas marginadas para enfrentar la corrupción, las divisiones socio-étnicas
racistas y las desigualdades socioeconómicas. Como Nancy Postero comenta, la
utopía concebida en tales circunstancias puede ser “una visión política
construida con conciencia para el futuro” que se materialice por “las
capacidades culturales” del pueblo de crear significados de sus historias.[91]
Reinaga afirmaba que su ideología reveló “una verdad de fuego”: los indios son
“[u]na gran raza […] una gran cultura, cultura milenaria; un gran pueblo, una
gran Nación.”[92]
La cultura india, investida de significados derivados de las raíces históricas
preconquistas, es un constructo político que da a los indios una identidad como
un pueblo con historia, y adquiere significados por la política rebelde contra
el sistema racializado de opresión.
Como dice José Antonio Lucero, “el
vínculo de la resistencia política” y la identidad india era un componente
crucial del proyecto revolucionario de Reinaga.[93]
Esta identidad, impuesta por los colonizadores españoles, emanó del estado
conquistado y racializado de los indios después de la colonización española.
“Colón nos llamó indios […] por [su] ignorancia […] pero con ese nombre hemos
vivido cuatro siglos.”[94]
La categoría “indio” invoca la memoria colectiva de la violencia colonial
ejercida por los colonizadores europeos y sus descendientes. “La experiencia de
cuatro siglos [de la esclavitud y victimización] ha demostrado que el indio es
una sola Nación”; esta nación comparte una historia de sufrimiento como una
nación racializada en relación con europeos y blancos, y de la resistencia
anticolonial librada bajo la bandera de autoemancipación.[95]
Reinaga construía al indio como un “sujeto racializado” que luchara por la
liberación de las naciones colonizadas de Abya Yala con una conciencia
de la historia “compartida” del colonialismo y la resistencia.[96]
Por la experiencia colectiva del colonialismo y la resistencia, “somos […]
INDIOS […] El indio fue indio, es indio y tiene que liberarse INDIO,” no como
una clase (campesina) o un grupo étnico (indígena).[97]
Reinaga argumentaba que “la Nación
india debe desplazar a la Nación chola” y que “el Estado indio debe sustituir
al Estado boliviano blanco-mestizo.”[98]
Negó que la revolución india “busc[ara] la muerte del cholaje; lo que
ardientemente quieren los indios es: que el cholaje entienda la razón de la
libertad del indio.”[99]
Al parecer, Reinaga concebía un Estado-Nación india que se basara en la cultura
ancestral del Qullasuyu y que subsumiera a los blancos-mestizos bajo la Bolivia
india. La revolución india “hará de [las dos] naciones una sola nación,”
las dos Bolivias que se deberían unificar en una Bolivia india.[100]
Esta unificación, según Fabiola Escárzaga, significaba “la asimilación del
blanco-mestizo” en la cultura india que los liberaría de la falsa nación
boliviana imaginada como europea.[101]
Reinaga replanteaba el proyecto nacionalista de la construcción del
Estado-Nación que se basaba en la noción de la homogeneidad cultural de
diferentes grupos en la nación. Si bien Reinaga creyó en la homogeneidad de los
nacionales bolivianos definida por la lucha nacional contra la oligarquía
antinacional en los años 1940-1950, su indianismo redefinió esta lucha como una
revolución racial que destacaba las cosas en común de las masas indias
oprimidas por la minoría blanco-mestiza. No aceptaba la noción que existieran
las naciones indias diversas con sus propias historias e identidades; tal
noción promovía la “tribalización” de los indios en pequeños grupos como
aymaras, keswas, chiquitos, moxos y chiriguanos, la que era parte de una
estrategia de dividir-y-conquistar de la Bolivia blanco-mestiza.[102]
Después de 1960, Reinaga criticaba con dureza al MNR por imponer una ficticia
homogeneidad mestiza a los campesinos y trabajadores indios, pero él mismo no
era inmune a la misma tendencia homogeneizador, derivada de su creencia
ferviente en la autenticidad de la identidad india. Creía que tal identidad se imponía
de ningún modo porque ella existía para siempre y los indios solo tuvieron que
despertarse para que se recuperaran sus raíces raciales comunes y auténticas.
Conclusión:
las relaciones de Reinaga con el movimiento aymara-quechua y la política
contemporánea de descolonización y raza
La noción de homogeneidad mestiza es
lejos de la realidad en un lugar como Bolivia, donde gente con “rasgos indios”
como color de piel oscuro y apellidos aymaras es discriminada con regularidad
como humilde y no civilizada. La pobreza masiva y el subdesarrollo
infraestructural atormentaron con frecuencia a los pobres barrios urbanos y el
campo (lugares racializados como espacios indios) a diferencia de las áreas
blancas/blanqueadas (supuestamente civilizadas y modernizadas). El nacionalismo
racial de Reinaga encontró eco entre los militantes aymaras y quechuas –
especialmente aquellos que vivían en periferias urbanas – que se frustraron con
su marginación persistente. El indianismo les ofreció una clara solución a esa
marginación: los indios se deberían liberar del control blanco-mestizo, formar
su propio partido político y tomar el poder.[103]
La publicación de la trilogía indianista de Reinaga de 1970-1971 (La
Revolución India, Manifiesto del Partido Indio de Bolivia, y Tesis India)
coincidió con la emergencia de una nueva generación de los jóvenes militantes
aymaras, quienes organizaron el Movimiento 15 de Noviembre y el Movimiento
Universitario Julián Apaza. Los escritos de Reinaga fueron útiles referentes
para los militantes de estas organizaciones y su política racial incorporada al
katarismo.[104]
A pesar de su creencia en la centralidad de raza y etnicidad para la opresión
colonial en Bolivia, muchos kataristas han criticado a Reinaga por negar la
opresión de clase, la que se veía como vinculada con la opresión étnica y
racial. Raimundo Tambo, uno de los primeros líderes kataristas más influyentes,
participó en el PIB (Partido Indio de Bolivia), un partido indianista fundado y
encabezado por Reinaga a principios de los años 1970, pero, según Javier
Hurtado, se separó eventualmente con él por su indiferencia hacia la lucha de
clase.[105]
También Reinaga chocó personalmente
con muchos otros indianistas que lo criticaban por fingir ser “un ‘cacique
inka’” sin verificar filiación con los inkas. Para finales de los años 1970,
alejó a los indianistas que fundaron el MITKA (Movimiento Indio Túpaq Katari),
el partido indianista dirigido por Constantino Lima Chávez y Luciano Tapia.[106]
En una larga nota de pie a ¿Qué hacer?, Reinaga menciona que el MITKA repudia
su ideología.[107]
Un año después, denunció a Lima como “mestizo ‘indigenista’” que se apropió de
fondos de las ONGs europeas y que causó la división entre los indios del MITKA.[108]
Para ese tiempo, una rivalidad personal entre Lima y Tapia había llevado a
pugnaces peleas faccionarias dentro del MITKA, haciendo que cada facción acusó
al otro de apropiarse de fondos de las ONGs extranjeras y “traicionar” al
pueblo; eventualmente se dividió en el MITKA y el MITKA 1.[109]
Si bien Reinaga criticaba a Lima por causar este conflicto divisivo entre
indianistas, su ideología pasó a otra etapa. A pesar de su papel crítico en la
politización de una identidad india que se hizo un pilar fundamental de la
política racial aymara y quechua en los años 1970-1980, muchos indianistas y kataristas
consideraron a Reinaga como elitista arrogante que menospreció a otros indios.[110]
El carácter elitista de Reinaga, según Cruz, revelaba su autopercepción
vanguardista que se remontó de sus años marx-leninistas.[111]
Puesto que se deshizo del indianismo a finales de los años 1970 y adoptó lo que
denominaba “amautismo,” una ideología de la humanidad conectada con “la
concepción cósmica del Universo y de la vida,” Reinaga cada vez más se
distanció de la política indianista de la raza.[112]
Hasta declaró que “la salvación de Bolivia está en las manos, mejor, en el
cerebro del mestizo,” contradiciendo sus declaraciones pasadas sobre los indios
y los mestizos.[113]
El indianismo no era una obra
personal de Reinaga. En los años 1960, según Constantino Lima, Reinaga aprendió
muchos conceptos indianistas de los militantes del PAN (Partido Autóctono
Nacional), el partido indianista fundado por Lima en 1960.[114]
La reputación de Reinaga como “el padre del indianismo” deriva principalmente
de su escritura prolífica que establece una estructura discursiva para formular
sistemáticamente la política racial en términos del poder indio. Pero Reinaga
se marginaba dentro del círculo intelectual boliviano en su vida. Fueron los
líderes aymaras como Felipe Quispe Huanca “Mallku,” los que popularizaron las
nociones indianistas de las dos Bolivias y el poder indio en los años 1990. El
EGTK (Ejército Guerrillero Túpac Katari), dirigido por el Mallku, libró una
“guerra aymara en Bolivia” a principio de los años 1990 para eliminar la Bolivia
blanco-mestiza que oprimía a las naciones aymara, quechua y guaraní.[115]
Las obras de Reinaga son leídas
ampliamente hoy en día en Bolivia en relación con los debates sobre
descolonización, un componente central de la política nacional tras las movilizaciones
indígena-populares masivas de 2000-2005. La posibilidad de la “hegemonía
indígena” se hizo real durante ese periodo, cuando las movilizaciones
indígena-populares gigantescas contra la erradicación de coca, la exportación
del gas y la privatización del agua derrocaron un gobierno neoliberal y
llevaron a la elección de Evo Morales Ayma como el primer presidente indígena
del país.[116]
El gobierno de Morales combinó su discurso populista de la soberanía nacional
con una noción de descolonización que se centraba en las 36 “naciones y pueblos
indígenas originarios y campesinos,” históricamente marginados por la
oligarquía colonial y supuestamente emancipados por el Estado Plurinacional de
Bolivia. El partido de Morales, el MAS (Movimiento Al Socialismo), “convirtió
la descolonización […] en una forma del reconocimiento multicultural
patrocinado por el Estado,” profundizando las reformas multiculturalistas de
mediados de los años 1990.[117]
En ese contexto, lo indígena funcionaba como un lenguaje simbólico para
representar al pueblo boliviano de un modo que legitimara el poder de Morales y
su partido. Para el MAS (Movimiento Al Socialismo), los intelectuales indios
como Fausto Reinaga representaba una voz indígena originaria y campesina que
había sido silenciada por la Bolivia colonial y se necesitaba incluir en la
nueva Bolivia Plurinacional.[118]
En 2014, la Vicepresidencia del
Estado Plurinacional publicó las 33 obras de Reinaga en 10 volúmenes y organizó
el Primer Congreso Internacional sobre la Vigencia del Pensamiento de Fausto
Reinaga. En sus palabras de apertura en la inauguración del evento, entonces vicepresidente
Álvaro García Linera elogió a Reinaga como “una de las mentes más brillantes,
creativas, subversivas y emancipadoras que han surgido en América Latina y en
el mundo.”[119]
En un ensayo anterior, García argumentaba que el indianismo es la corriente
ideológica “más importante e influyente en la actual vida política de
[Bolivia].” Mantiene que el “desencuentro” del indianismo y el marxismo ha sido
un problema central para la política revolucionaria boliviana, y que el MAS
representa “un proyecto de inclusión de los pueblos indígenas en las
estructuras de poder,” uniendo el anticolonialismo indígena y la izquierda
marxista bajo el paraguas del Estado Plurinacional.[120]
En la terminología de García, este
gobierno se funda ideológicamente en el “indianismo de la izquierda,” o el
“indianismo-marxismo” que es un concepto problemático para muchos indianistas.
Como comentaba Hilda Reinaga, “Álvaro García Linera decía, ‘Soy
indianista-marxista.’ Pero, según Reinaga, no puede ser indianista-marxista. Tendría
que dejar una de las dos cosas.”[121]
Muchos intelectuales bajo la influencia ideológica del indianismo cuestionaban
si el MAS estaba verdaderamente dispuesto a profundizar la lucha indígena por
la descolonización, o si “instrumentalizaba” a los indios y su pensamiento para
un proyecto izquierdista que hubiera sido incompatible con esa lucha.[122]
Fausto Reinaga él mismo brutalmente criticaba a los comunistas y trotskistas
bolivianos por su aplicación dogmática de una ideología europea a la realidad
boliviana muy distinta. Sin embargo, dice en La Revolución India que “el
marxismo crea, no copia; es método, no dogma de slogan; debe “[t]oma[r] el
contenido y la forma de una realidad” vivida por el pueblo que afronta
distintos conjuntos de problemas determinados por las condiciones políticas y
sociales únicas. Reinaga se refiere al marx-leninismo como una “guía y método
del hombre y las sociedades [con] su espíritu ‘creador y previsor.’”[123]
Tal vez esto signifique, como señala Gustavo Cruz, que “el indianismo de
Reinaga no abjura del ‘marx-leninismo’ como método creador del conocimiento
[emancipador],” y que rechaza solo el “marxismo mestizo” alejado de la realidad
boliviana, donde la raza es central para los sistemas de opresión.[124]
En aquel caso, hay una posibilidad de lo que Reinaga denomina “marxismo indio.”[125]
El surgimiento de la derecha
fascista en Bolivia después de la renuncia de Morales el 10 de noviembre de
2019, ha reavivado los debates ideológicos e intelectuales sobre la centralidad
de la raza para la sociedad boliviana.[126]
La biblia ha resurgido como un símbolo del poder nacional, re-escenificando la
“conquista europea”, la que se acompañó con la quema de la wiphala (un
símbolo milenario de las naciones andinas indígenas) en la plaza central de la
ciudad capital de La Paz. Mientras el militar masacró a docenas de los
manifestantes por desafiar el gobierno autoproclamado de Jeanine Áñez Chávez
(2019-2020) en Sacaba (Cochabamba) y Senkata (El Alto), el Mallku Quispe
escribió: “Con la biblia en mano, [el gobierno] manda soldados y [les] ordena a
masacrar en Sacaba y Senkata […] Para la nueva política de derecha racista, el
indio […] es un peligro. Con la biblia en mano, los tildaron vándalos y
terroristas a los indios y quemaron su wiphala ancestral.”[127]
¿El indianismo puede ser un útil punto de referencia para comprender y afrontar
los problemas del colonialismo, la democracia y la violencia política que han
adquirido nuevos significados en la Bolivia post Evo?
El indianismo adquirió
significativos emancipatorios en el contexto de la construcción de la
Estado-Nación de mediados de siglo XX, en el cual lo indio ofreció una base
crítica para reconceptualizar la nación boliviana y afrontar las prácticas
opresivas perpetuadas por la minoría blanco-mestiza dominante. En aquel
contexto, forjar una identidad común – arraigada en las cosas supuestamente
nacionales en común – fue una prioridad política que tenía que realizarse para
construir una Estado-Nación homogénea. Esto explica en parte por qué Reinaga
enfatiza las cosas en común de los indios como sujetos racializados bajo el
yugo del colonialismo. Él ignoraba las diferencias culturales, étnicas,
nacionales, regionales, de clase y género de los pueblos indígenas, las que
eran vinculadas con las desigualdades y prácticas explotadoras entre aquellos
pueblos. Puede ser difícil y hasta controvertido concebir una política
emancipatoria de la raza basada solamente en el indianismo de Reinaga que no
completamente refleja la realidad plurinacional en Bolivia. Ciertamente los
problemas del colonialismo y la opresión política en Bolivia tienen que ver no
solamente con la raza y la división entre las “dos Bolivias.”
En Bolivia, como en otros países
latinoamericanos con la considerable presencia indígena, lo indio ha sido un
término racial que expresa las condiciones históricas de marginación, exclusión
y barbarización de los colonizados desde 1492 o 1532. La violencia estatal,
desatada en Sacaba y Senkata en noviembre de 2019, resaltaba aquellas
condiciones de un modo ensangrentado que estigmatizó los luchadores
antigubernamentales como delincuentes, salvajes, subversivos, terroristas y
vándalos. Inmediatamente después de la quema de la wiphala, miles de
alteños y ciudadanos de las provincias rurales paceñas se movilizaron contra el
descarado acto del racismo colonial. La wiphala se ha hecho un símbolo
principal de la rebelión indígena desafiando el gobierno autoproclamado de
Áñez, quien supuestamente hizo varios comentarios racistas en las redes
sociales como “Qué año nuevo aymara ni lucero del alba!! satánicos, a Dios
nadie lo reemplaza!!” y “Sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos
indígenas.”[128]
Los alteños habían estado viviendo
en muy precarias condiciones por más de dos semanas desde el inicio de la
denominada “rebelión de wiphala.”[129]
La noche después de la renuncia de Morales, los grupos desconocidos cortaron
agua y electricidad a muchos barrios alteños, y saquearon y quemaron varias
casas y propiedades. La policía no vino a proteger los pobres barrios
marginales; muchos vecinos allá tuvieron que formar una “defensa vecinal,”
independientemente de su afiliación político-ideológica. Fue una especialmente
difícil noche para muchos vecinos porque estuvo lloviendo y por lo tanto fue
imposible hacer fogatas para calentarse en el frío que pela. Muchos alteños
entonces vivieron en constante temor de ser atacados por “verdaderos
delincuentes” que robaron e incendiaron casas y edificios públicos en la
ciudad.[130]
El gobierno autoproclamado de Áñez justificó su violencia con el argumento que
los agitadores afines al MAS instigaban a las muchedumbres en El Alto y Sacaba.
En el proceso, criminalizó los luchadores indígenas como “terroristas,” y
celebró “el retorno del Dios cristiano” al palacio presidencial.
Las víctimas de la violencia estatal
en Sacaba y Senkata son no necesariamente “indios,” pero, por su color de piel,
apellidos aymaras y quechuas y otros rasgos asociados con lo indio, son
identificadas como indios en discursos públicos. Combinados con la quema de la wiphala
y el uso de la biblia como un símbolo del poder gubernamental, la violencia
estatal y la apariencia india de las víctimas de esa violencia han dejado el
binario blanco-indio visible de nuevo en Bolivia después del octubre-noviembre
de 2019. En una Bolivia, dónde los indios siguen siendo marginados frente a la
minoría blanco-mestiza y victimados en tiempos de la crisis política, el
indianismo puede ser un lenguaje por las víctimas que quieren hablar por su
dignidad y liberación. Para estar seguro, estará presente para siempre el
peligro de la idealización y esencialización racial.
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[8] Ibid, 101.
[9] Reinaga, La Revolución India, 86.
[10] Hilda Reinaga,
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[17] Fausto Reinaga, El Pensamiento Amaútico en Fausto
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[18] Cruz, Los senderos de Fausto Reinaga, 57-166.
[19] “54ª Sesión Ordinaria del Día 6 de Octubre de 1944,” en Redactor de
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[21] Ruy Ripaj, Nacionalismo Boliviano. Teoría y
programa (Ediciones “Rumbo Sindical,” 1952), 10.
[22] Ibid, 7-8.
[23] Fausto Reinaga, Tierra y Libertad. La revolución nacional y
el indio (Rumbo Sindical, 1953), 7, 34.
[24] Ripaj, Nacionalismo Boliviano, 10.
[25] Kim, “Popular Politics of Social Emancipation in
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8.
[26] Cruz, Los senderos de Fausto Reinaga, 164-165.
[27] Reinaga, Tierra y Libertad, 8, 10.
[28] Luis Antezana Ergueta, La revolución campesina en Bolivia
(Empresa Editora “Siglo Ltda”, 1982), 21-30; Roberto Choque Canqui, El indigenismo y los movimientos indígenas
en Bolivia (Unidad de Investigaciones Históricas, 2014), 204-225;
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[29] Dunkerley, Rebellion in the Veins, 15; June Nash, We Eat the Mines and the Mines Eat Us:
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[30] Augusto Céspedes, Metal del Diablo. La vida del
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[31] Dunkerley,
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[32] Dunkerley,
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[33] Luis Antezana Ergueta y Hugo Romero Bedregal, Historia
de los sindicatos campesinos. Un Proceso de Integración Nacional en Bolivia
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[34] William
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Richard S. Thorn (University of Pittsburgh Press, 1971), 243-244; Dunkerley, Rebellion in the Veins, 72-73.
[35] Fausto Reinaga, Belzu. Precursor de la revolución nacional
en Fausto Reinaga.
Obras completas. Tomo I. Volumen II (Vicepresidencia del Estado
Plurinacional de Bolivia, 2014), 14.
[36] Reinaga, Tierra
y Libertad, 3.
[37] Andrew Canessa,
“Dreaming of Fathers: Fausto Reinaga and Indigenous Masculinism,” Latin American and Caribbean Ethnic Studies
5, 2 (2010): 181-184; Reinaga, Tierra y Libertad, 3, 17.
[38] Ibid,
32-33, 36.
[39] Ripaj,
Nacionalismo Boliviano, 24.
[40] Carmen
Soliz, ‘“Land to the Original Owners’: Rethinking the Indigenous Politics of
the Bolivian Agrarian Reform,” Hispanic American Historical Review 97, 2
(2017).
[41] Jorge Dandler, “La
‘Ch’ampa Guerra’ de Cochabamba: Un proceso de disgregación política,” en Bolivia: La fuerza histórica del campesinado,
ed. Fernando Calderón y Jorge Dandler (United Nations Research Institute for
Social Development; Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social,
1984); James V. Kohl, “The Cliza and Ucureña War: Syndical Violence and
National Revolution in Bolivia,” The
Hispanic American Historical Review 62, 4 (1982);
Silvia Rivera Cusicanqui, “Democracia liberal y democracia del ayllu. El caso
del Norte de Potosí, Bolivia,” en Violencias
(re) encubiertas en Bolivia (La Mirada Salvaje, 2010).
[42] Reinaga, La Revolución India, 143.
[43] Fausto Reinaga, Revolución,
Cultura y Crítica en Fausto Reinaga. Obras completas. Tomo I.
Volumen II, 343-345.
[44] Fausto Reinaga, Víctor Paz Estenssoro (Editorial “La
Paz” S.A., 1949), 47-48.
[45] “Me he equivocado”
El Diario, 6 de mayo de 1952, incluido en Cruz Los senderos de Fausto
Reinaga, 99-100.
[46] Ripaj, Nacionalismo Boliviano, 21, 23.
[48] Dunkerley, Rebellion in the Veins, 83-119;
Siekmeier, The Bolivian Revolution and
the United States, 73-102; Silvia Rivera Cusicanqui, “Mestizaje colonial
andino: Una hipótesis de trabajo,” en Silvia Rivera Cusicanqui, Violencias (re)encubiertas en Bolivia (La
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[49] Sergio Almaraz
Paz, Requiem para una república (Ediciones “Los
Amigos del Libro”, [1969] 1980); Liborio Justo, Bolivia. La revolución derrotada (Juárez
Editor S.A., [1967] 1971); René Zavaleta Mercado, La caída del MNR y la conjuración de noviembre: historia del golpe
militar del 4 de noviembre de 1964 (Los Amigos del Libro, [1964] 1995).
[50] Reinaga, Revolución, Cultura y Crítica, 354.
[51] Ibid, 367.
[52] Fausto Reinaga, Franz Tamayo y la revolución boliviana en
Fausto Reinaga.
Obras completas. Tomo I. Volumen II (Vicepresidencia del Estado
Plurinacional de Bolivia, 2014), 20, 118-119, 123.
[53] Ibid, 123, 142.
[54] Reinaga, Franz Tamayo y la revolución boliviana,
135.
[55] Ibid,
188-193.
[56] Ibid,
209.
[57] Ibid,
248.
[58] Ibid,
248.
[59] Ibid,
248.
[60] Ibid, 258-259.
[61] Grover López M., Correspondencia.
Fausto Reinaga-Tristán Marof (1957-1974), (Fundación Amautica Fausto
Reinaga, 2018), 21. Tristán Marof (cuyo nombre real era Gustavo Adolfo Navarro)
era uno de los marxistas bolivianos con más influencia en las décadas de 1920 a
1930, cuyo énfasis en la centralidad de los pueblos indígenas como
protagonistas de la revolución socialista se podría comparar con el de José
Carlos Mariátegui. Marof era el fundador del POR quien, después de la década de
1940, adoptó un programa marxista más ortodoxo teorizado por Guillermo Lora.
Marof era entre los pocos marxistas que mantenían una relación amistosa con Fausto
Reinaga desde que llegaron a interactuarse en mediados de la década de 1950.
Hilda Reinaga dice que Marof y Fausto Reinaga compartían perspectivas críticas
sobre el marxismo boliviano, creyendo que los indios deben dirigir la
revolución en Bolivia. Entrevista con Hilda Reinaga, el 6 de enero de 2020. Los
comentarios de Marof sobre las obras indianistas de Fausto Reinaga confirman la
declaración de Hilda Reinaga. Por ejemplo, en su carta a Fausto Reinaga in
1971, Marof elogiaba Tesis India (1971) como obra de un escritor que
llega a “anunciar verdades como Ezequiel en la Biblia.” Concluyó esta carta,
diciendo “tu ‘Tesis India’, que también es mía.” Es decir, está totalmente de
acuerdo con el indianismo de su amigo. Véase, López, Correspondencias,
88-89.
[62] Reinaga, Franz Tamayo y la revolución boliviana,
255. Estas preguntas y respuestas, citadas aquí, son justamente las preguntas y
respuestas que Tamayo hace al comienzo del capítulo 17 de Creación de la
pedagogía nacional, 45.
[63] Reinaga, El Indio y el Cholaje Boliviano; La intelligentsia del Cholaje Boliviano;
El indio y los escritores de América.
[64] Reinaga, “La Intelligentsia” del Cholaje Boliviano,
278-279.
[65] Reinaga, El indio y los
escritores de América, 59, 134, 138.
[66] Ibid, 141.
[67] Ibid, 140-141
[68] Reinaga, La Revolución India, 169.
[69] Reinaga, Franz Tamayo y la revolución boliviana,
256; Tesis India en Fausto Reinaga. Obras completas. Tomo II.
Volumen V (Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, 2014), 435.
[70] Reinaga, El indio y los escritores de América,
140-141.
[71] Reinaga, El Indio y el Cholaje Boliviano, 140.
[72] Reinaga, Franz Tamayo y la revolución boliviana,
129, 183.
[73] Ibid, 129.
[74] Reinaga, La Revolución India, 373.
[75] Ibid,
35.
[76] Ibid,
86.
[77] Frantz
Fanon, The Wretched of the Earth tran. Richard Philcox (Grove Press, [1961]
[1963] 2004), 33.
[78] Walter
Benjamin, Selected Writings. Volume I. 1913-1926 ed. Marcus Bullock and
Michael W. Jennings (The Belknap Press of Harvard University Press, 1996),
249-252; Mansilla, Una mirada crítica
sobre el indianismo y la descolonización, 202.
[79] Mansilla, Una mirada crítica sobre el indianismo y la
descolonización, 193.
[80] Ibid, 196-197.
[81] Reinaga, La
Revolución India, 183.
[82] Ibid,
342.
[83] Kim,
“Popular Politics of Social Emancipation in Bolivia from the 1930s to the
Present,” 134.
[84] “El Acta de la
Fundación del Partido de Indios Aymaras Keswas” incluida en Reinaga, La
Revolución India, 482-483.
[85] Mansilla, Una mirada crítica sobre el indianismo y la
descolonización; Poma, Fausto Reynaga.
[86] Reinaga,
La Revolución India, 125.
[87] Fanon,
The Wretched of the Earth, 50.
[88] Ibid,
50.
[89] Alberto Flores Galindo, In Search of an Inca: Identity
and Utopia in the Andes trad. Carlos Aguirre, Charles F. Walker, and Willie
Hiatt (Cambridge University Press, [1986] [1988] 2010).
[90] Taqui Unquy era un
movimiento religioso anticolonial que originó en Ayacucho en Perú durante la
década de 1560. Proclamaba el retorno inminente de las wak’as
conquistadas por los invasores europeos. Después de que cayó la última
fortaleza inka de Vilcabamba, Taqui Unqus pronto se convirtió en una rebelión
política contra el dominio español, la que buscaba reestablecer el equilibrio
en un mundo interrumpido por la invasión colonial y la imposición del Dios
cristiano. Véase Steve Stern, “El Taki Onqoy la sociedad andina (Huamanga,
siglo XVI)” Allpanchis 14, 19 (1992).
[91] Nancy Postero,
“Andean Utopias in Evo Morales’s Bolivia,” Latin American and Caribbean
Ethnic Studies 2, 1 (2007): 21.
[92] Reinaga, La
Revolución India, 46, 54.
[93] Lucero,
“Fanon in the Andes,” 17.
[94] Reinaga, La
Revolución India, 143.
[95] Ibid, 117.
[96] Carlos Macusaya
Cruz, Desde el sujeto racializado. Consideraciones sobre el Pensamiento
indianista de Fausto Reinaga (Editorial Movimiento Indianista-Katarista,
2014).
[97] Reinaga, La
Revolución India, 143.
[98] Ibid, 125.
[99] Ibid, 304.
[100] Ibid, 169.
[101] Fabiola Escárzaga,
“Comunidad indígena y revolución en Bolivia: el pensamiento
indianista-katarista de Fausto Reinaga y Felipe Quispe,” Política y Cultura
37 (2012): 195.
[102] Lucero, “Fanon in
the Andes,” 18; Reinaga, La Revolución India, 169.
[103] Reinaga, La Revolución
India, 71.
[104] Mariana Ari,
“1992: 500 años sin la voz india,” en El 12 de Octubre revisado y revisitado,
ed. Evgenia Bridikhina (Universidad Mayor de San Andrés; Facultad de
Humanidades y Ciencias de Educación; Carrera de Historia; Instituto de
Investigaciones Históricas; Instituto de Estudios Bolivianos, 2017), 184-185;
Canessa, “Dreaming of Fathers,” 179-180.
[105] Javier Hurtado, El
Katarismo (HISBOL, 1986), 32-33.
[106] Portugal and
Macusaya, El indianismo katarista, 184-186, 189.
[107] Fausto Reinaga, ¿Qué
hacer? en Fausto Reinaga, Obras completas. Tomo III. Vol. VII
(Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, 2014), 130.
[108] Fausto Reinaga, El
hombre (Ediciones: “Comunidad Amáutica Mundial,” 1981), 162.
[109] Portugal and
Macusaya, El indianismo katarista, 491-518.
[110] Ibid, 185.
[111] Cruz, Los
senderos de Fausto Reinaga, 237.
[112] Reinaga, El
Pensamiento Amaútico, 403.
[113] Fausto Reinaga, Bolivia y La Revolución de Las Fuerzas Armadas en
Fausto Reinaga, Obras completas. Tomo III. Vol. VIII (Vicepresidencia
del Estado Plurinacional de Bolivia, 2014), 84.
[114] Comunicación personal, 14 de noviembre de 2016. El PAN
es también conocido como Partido Agrario Nacional. Durante la entrevista, Lima
dijo, “es ‘el Partido Autóctono Nacional.’ Mucha gente lo llama el “Partido
Agrario Nacional,” y esto poco molesta. Pero no importa.”
[115] Alvizuri, La
construccion de la aymaridad, 33.
[116] Andrew Canessa,
“Todos somos indígenas: Towards a New Language of National Political Identity,”
Bulletin of Latin American Research 25, 2 (2006); Nancy Postero,
“Morales’s MAS Government: Building Indigenous Popular Hegemony in Bolivia,” Latin
American Perspectives 37, 3 (2010).
[117] Nancy
Postero, The Indigenous State: Race, Politics, and Performance in
Plurinational Bolivia (University of California Press, 2017), 19.
[118] Ticona, El
indianismo de Fausto Reinaga.
[119] “Vicepresidente: ‘Imposible
ser el mismo después de leer a Fausto Reinaga,’” 19 de agosto de 2014 Viceministro
de Comunicación del Estado Plurinacional de Bolivia https://comunicacion.gob.bo/?q=20140819/16425.
[120] Álvaro García
Linera, “Indianismo y Marxismo. El desencuentro de dos razones
revolucionarias,” en Bolivia: memoria, insurgencia y movimientos sociales,
comp. Maristella Svampa y Pablo Stefanoni (El Colectivo, Clacso, 2007), 164,
167.
[121] Comunicación personal, 6 de enero de 2020.
[122] Carlos Macusaya
Cruz, Batallas por la identidad. Indianismo, katarismo y descolonización en
la Bolivia contemporánea (Hwan Yunpa, 2019); Pablo Mamani Ramírez, El
Estado Neocolonial. Una mirada al proceso de la lucha por el poder y sus
contradicciones en Bolivia (rincón ediciones, 2017).
[123] Reinaga, La
Revolución India, 115.
[124] Cruz, Los
senderos de Fausto Reinaga, 224.
[125] Reinaga, La
Tesis India, 506.
[126] Iván Apaza Calle,
“¡No son MASistas, son alteños carajo!” en Wiphala, crisis y memoria.
Senkata no te merecen (Grupo Jichha, 2020); Carlos Macusaya Cruz, “Racismo,
un rasgo de la sociedad boliviana,” en Wiphala, crisis y memoria; Pablo
Mamani Ramírez, “Presidencias y biblias,” Página Siete 12 de enero de
2020. https://www.paginasiete.bo/ideas/2020/1/12/presidencias-biblias-242991.html.
[127] Felipe Quispe
Huanca, “Con la Biblia en la mano se repite la historia,” Jiccha 16 de
diciembre de 2019. http://jichha.blogspot.com/2019/12/con-la-biblia-en-la-mano-se-repite-la.html.
[128] “Los agresivos
tuits contra ‘originarios’ e ‘indígenas’ que borró Áñez,” La Nación 15
de noviembre de 2019 https://www.lanacion.com.py/mundo/2019/11/15/los-agresivos-tuits-contra-originarios-e-indigenas-que-borro-anez/.
[129] Pukara, “Pronunciamiento de Comunidad Pukara” Pukara
(160): 2.
[130] Comunicaciones personales, Javier Guaracha (4 de enero de 2020) y una vecina alteña (13 de enero de 2020).

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